Reproduction of Guernica on a tiled wall, Guernica, Spain (PPL3-Altered)
Guernica, mural en cerámica basado en la obra de Pablo Picasso. Fotografía de Jules Verne Times Two. Fuente: Wikimedia Commons.

Manifiesto Eikasía 2026: un mundo que reclama ser pensado

La filosofía como intervención ante el nihilismo, la propaganda, la tecnociencia y la guerra
Inicio

Introducción

Tras veinte años de existencia, Eikasía publica Manifiesto Eikasía 2026 como una reafirmación de su vocación filosófica: pensar el presente no desde la distancia del comentario, sino desde la responsabilidad de intervenir en él.

El texto, que reproducimos más abajo, parte de una idea central: la filosofía no debe limitarse a describir lo dado, sino abrir un espacio de interrogación, discernimiento y libertad creadora allí donde el debate público parece cada vez más condicionado por la propaganda, el populismo, la tecnociencia y la reducción de la vida común a consignas inmediatas.

El Manifiesto Eikasía 2026 propone, en este sentido, una defensa de la filosofía como práctica crítica y pública. No se presenta como una doctrina cerrada, sino como una invitación a pensar los límites éticos, políticos y ontológicos de nuestro tiempo: el lugar de la verdad, la fragilidad de la democracia, el sentido de la educación, la violencia de los nacionalismos, la transformación tecnológica de la experiencia y la necesidad de una razón situada, capaz de responder al mundo sin refugiarse en la neutralidad abstracta.

En sus páginas, el Grupo Eikasía convoca a recuperar la filosofía como una tarea de orientación: una forma de distinguir entre pensamiento y propaganda, entre política y dominio, entre memoria y resentimiento, entre crítica y mera repetición ideológica. Se trata de sostener un espacio donde todavía sea posible preguntar, disentir y elaborar sentido frente al agotamiento del presente.

Este manifiesto debe leerse, por tanto, como una invitación antes que como una consigna: una llamada a pensar un mundo que todavía no existe plenamente, pero que ya reclama ser pensado.

Manifiesto Eikasía 2026

Eikasía, tras 20 años de existencia, se reitera en su vocación fundacional de ejercer la tarea filosófica, no para describir el presente, sino para intervenir en él; no para clausurar el debate, sino para abrirlo hacia un espacio de mayor exigencia, de responsabilidad y de libertad creadora. En esta medida, Eikasía se sitúa allí donde el pensamiento y la acción dejan de ser esferas separadas para volverse coextensivas. Pensar, aquí, significa comprometerse en un mundo que todavía no existe, pero que ya reclama ser pensado.

Eikasía, como escritura pública, se dirige a una comunidad real o por venir, a la que interpela en nombre de una idea que aún no ha alcanzado plena vigencia; como espacio de convocatoria, como una llamada a quienes reconocen que la filosofía solo conserva su fuerza cuando permanece capaz de instituir sentido, de reabrir preguntas y de resistir la inercia de lo dado.

Eikasía hace un llamamiento a una filosofía que no se refugie en la abstracción, sino que se exponga, decida y responda.

Hacemos un llamamiento que no se limita a continuar una tradición, sino a reinterpretarla desde la conciencia de que toda doctrina fue alguna vez insurgencia y toda forma estable nació como ruptura. Su gesto no es el de la repetición, sino el de una fidelidad creadora: permanecer en la filosofía solo allí donde ella conserva su poder de comienzo.

En esa fidelidad se afirma también una exigencia ética y pedagógica. El pensar que se manifiesta asume su propia parcialidad, su inscripción histórica y su responsabilidad por lo que dice. Frente al discurso neutral o meramente explicativo, Eikasía hace un llamamiento a una filosofía que no se refugie en la abstracción, sino que se exponga, decida y responda. Abandonar el comentario para ser orientación, impulso y apertura de posibilidades.

Este Manifiesto Eikasía 2026 sitúa a la filosofía, y en particular al proyecto colectivo del Grupo Eikasía, ante el balance de casi dos décadas de trabajo, frente a un mundo que, tras la crisis de 2008 y el primer cuarto del siglo XXI, ha dejado atrás una época «socrática» de discusión racional para entrar en una época «platónica» marcada por crisis globales, populismos, nihilismos y guerras que desbordan los límites éticos y políticos que hacen posible la vida humana en común.

Debemos preguntarnos si la filosofía y el espacio racional pueden salvarse del aplastamiento por la política, por las tecnologías informáticas y por la propaganda, y si todavía podemos desplegar sus dimensiones éticas, gnoseológicas y ontológicas en un mundo en el que la política dejó de ser el arte del buen gobierno, la verdad científica ha quedado sometida a intereses espurios, y la ontología se disuelve en una propaganda redundante que coloniza la vida ordinaria hasta vaciar el antiguo espacio de la «sociedad civil».

En este marco, el Grupo Eikasí ha tejido una red de pensadores y pensadoras en formación y ya formados, provenientes de una multiplicidad de contextos teóricos y regionales, con especial atención al materialismo filosófico, al materialismo fenomenológico, al morfologismo, al mundo latinoamericano, al mundo lusoparlante y al Mediterráneo del Sur. Su horizonte es un universo iberoamericano unido por las lenguas y por una confrontación crítica honrada frente a la violencia, el sexismo, la miseria y el engaño ideológico.

La filosofía es para nosotros una geometría de ideas y un acto de resistencia. Como tal, debe hacer frente al aplastamiento de la política, de la tecnociencia y de la propaganda, recuperando su triple dimensión ética, gnoseológica y ontológica frente a su reducción a mera opinión gestionable. Toda filosofía rigurosa debe fundamentarse en la tradición crítica de las grandes sistematizaciones, porque ninguna filosofía queda superada, tal como ocurre en el caso de las ciencias: cada una aporta materiales imprescindibles para pensar nuestro tiempo, nuestro espacio y nuestra humanidad.

La época «socrática» del diálogo libre y del disenso razonado ha sido reemplazada por una época «platónica» en la que es preciso reescribir la República para pensar la derrota moral de Europa y sus guerras internas. El posmodernismo y la tardomodernidad han disuelto el «sujeto espinoso», y con él la responsabilidad histórica, preparando el terreno para populismos que reducen al individuo a consumidor, a pieza de una multitud amorfa o a simple cifra identitaria. La filosofía debe ocuparse precisamente de las fisuras, excedencias y contradicciones que muestran que ninguna síntesis científica agota la textura del aparecer.

El populismo, apoyado en los medios de comunicación y la transmisión de la información, aplana libertades e instituciones, confunde el interés general con las demandas inmediatas y sustituye la discusión racional por espectáculo y griterío, anulando el sentido de la vida. Política, centralidad, isonomía: igualdad de todos ante la ley; igualación por decrecimiento. El nihilismo, al vaciar de valor este sentido de la vida y al dividir el mundo en buenos y malos, abre la puerta a un gnosticismo salvífico que legitima nuevas violencias en nombre de pueblos, razas, naciones o religiones. Partición cultural, moral y política de la humanidad: lenguas, mores, mitologías.

El concepto de idea, entendido en clave platónica como un ascenso y descenso crítico entre categorías e ideas, sigue siendo el instrumento filosófico privilegiado para medir, discriminar y juzgar los constructos científicos, sociales y políticos. Entre las ideas, la de límite —especialmente el límite ético y el límite político— es hoy la más urgente, porque sin ella la violencia imperial y nacional convierte la barbarie en normalidad histórica. El límite ético se rompe allí donde el imperio y la nación se sitúan por encima de todo valor humano, justificando bombardeos, limpiezas étnicas, expulsiones y destrucciones en nombre de la seguridad, la autodefensa o la grandeza nacional.

El límite político se quebranta cuando se define la política como lucha amigo/enemigo y cuando se afirma que «todo es política», colonizando desde el poder todas las instituciones y destruyendo sus criterios propios

La persona debe entenderse como una morfología corpórea atravesada por la potencia, capaz de producir valor y sentido más allá de la mera conservación biológica y de su sexualidad. Ontológicamente, negar valor a ciertos cuerpos equivale a negarles el estatuto de polos de aparición de mundo, reduciéndolos a «piezas» en un dispositivo económico, racial, sexual o nacional. El límite político se quebranta cuando se define la política como lucha amigo/enemigo y cuando se afirma que «todo es política», colonizando desde el poder todas las instituciones y destruyendo sus criterios propios.

Criticar debe significar discernir entre los campos de aparición y los criterios que los sustentan, separando la lógica de la ciencia de la lógica de la propaganda, la de la educación de la del mercado, la de la justicia de la del partido. Este discernimiento protege la pluralidad de modos de dar-se del mundo, frente a cualquier pretensión de reducirlos a una única forma de visibilidad y control. La democracia es un bien ontológico frágil que requiere cuidado permanente; cuando el criterio amigo/enemigo sustituye a los criterios internos de las instituciones, se inicia la deriva hacia el autoritarismo y la dictadura. Los recursos limitados del planeta Tierra exigen de este animal intencional que llamamos ser humano, puesto que la filosofía es una geometría de ideas, la confección de un triángulo fundamental, cuyos vértices son la Paz, la Política y el Decrecimiento.

Los nacionalismos y las políticas identitarias, si no se orientan hacia el cosmopolitismo, degeneran en ultranacionalismo que divide a la humanidad en razas puras e impuras, legitima relatos de «gran reemplazo» y destruye la convivencia democrática. El relato maniqueo, que divide tajantemente en víctimas y verdugos absolutos, empobrece el campo fenoménico al borrar la mezcla y la ambigüedad que atraviesan toda comunidad real. Una filosofía de la historia exige atender a la co-presencia de gestos de solidaridad y de vileza en cada pueblo y grupo, sin por ello diluir responsabilidades concretas.

Eikasia: Revista de filosofía

La memoria, en clave filosófica, es una reactivación de horizontes sedimentados que pueden ser reinterpretados, no un archivo cerrado de identidades heridas. Una memoria multidireccional debe enlazar narraciones de sufrimiento y de ayuda entre distintos, permitiendo que nuevos sentidos de fraternidad emerjan más allá de los marcos nacionales o religiosos rígidos.

La democracia es un bien ontológico frágil que requiere cuidado permanente

El vínculo con las Américas se piensa como una co-constitución de mundo. Restituir humanidad significa abrir espacios de intercambio, de circulación de saberes y de reconocimiento mutuo y generoso, donde las huellas coloniales se tematicen con humildad en lugar de ser negadas o románticamente idealizadas. La descolonización, en toda su extensión semántica, debe ser siempre un imperativo filosófico.

La tecnociencia, incluida la inteligencia artificial, configura nuevos modos de aparición de los cuerpos, de los textos, de las imágenes y de las decisiones, reduciéndolos a información tratable. La filosofía debe interrogarse por las experiencias que quedan excluidas o distorsionadas por estos dispositivos, y por cómo preservarlas como fuentes de sentido irreductibles a la lógica algorítmica.

En el ámbito educativo, la filosofía debe funcionar como guardián del preguntar por el sentido frente a la reducción de la escuela a la gestión de competencias o a un instrumento de ingeniería identitaria. Una filosofía de la enseñanza debe situar al alumnado como polo de aparición de mundo, capaz de percibir límites éticos y políticos en su propia experiencia, y no solo de repetir consignas. La verdadera enseñanza de la filosofía debe situarse en las etapas de la educación secundaria y el bachillerato, en tanto frentes donde hacer efectiva la exigencia irrenunciable del origen del pensar.

La razón reivindicada por este manifiesto es una razón situada y encarnada, atravesada por heridas históricas, pero aún capaz de reabrir horizontes de sentido en medio del nihilismo, la guerra y la tecnociencia desbocada. Se trata de sostener la posibilidad de que lo inaparente siga encontrando vías de configuración simbólica, de modo que el mundo permanezca habitable, cuidable y discutible para todos. El pensamiento recobra desde aquí su función originaria: custodiar el sentido que se anuncia en medio de la confusión del mundo. No se trata de imponer una voz, sino de abrir un espacio. Allí donde el discurso se repliega en automatismo, el pensamiento puede volver a ser una práctica de claridad compartida, un trabajo paciente de restitución del aparecer.

Que este manifiesto sea una invitación, no una consigna. Una invitación a sostener la inquietud ante lo visible, a reconocer en cada forma del aparecer la posibilidad de un comienzo. Porque todavía es posible pensar: no contra el mundo, sino a favor de su presencia. Bajo el nombre de Manifiesto Eikasía 2026 se convoca, pues, a un frente plural de resistencia filosófica, decidido a recuperar el poder de la aparición y la palabra frente a la anestesia del presente. Una comunidad abierta y vigilante, capaz de pensar contra el agotamiento, de imaginar más allá del consenso, y de afirmar, en medio del ruido, la potencia creadora del pensar como una forma de insurrección permanente.

Grupo Eikasía: Luis Álvarez Falcón,Alejandro Arozamena Coterillo, Uriel Bonilla Suárez, Alejandro Escudero Pérez, Alberto Fernández Fernández, Iván Galán Hompanera, Román García Fernández, Juan Luis García Genicio, Javier Gil Martín, Alberto Hidalgo Tuñon, Joëlle Mesnil, Cristina Paniagua, Fernando Miguel Pérez Herranz, Juan José Riaño Alonso,Juan Marcos Rodríguez García-Roves, Francisco Rodríguez Menéndez,Silverio Sánchez Corredera, Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina, Montserrat Tarrés Picas.


Manifiesto publicado originalmente por Eikasía. Revista de Filosofía. Para consultar la versión original, visite el siguiente enlace.

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