«Las redes sociales están hechas para crear adicción: nos controlan más de lo que las controlamos»
Orlowski J., El dilema de las redes sociales
La pandemia del COVID-19 y el distanciamiento social que esta provocó contribuyeron a un avance tecnológico acelerado, generando una creciente dependencia de la tecnología y un uso constante de las redes sociales. Estas plataformas, cuyos algoritmos están diseñados específicamente para maximizar el tiempo de permanencia y aumentar las ventas, han marcado profundamente a toda una generación de adolescentes. A ellos se suma la nueva generación de iPad Kids (niños que participan activamente y, en muchos casos, con escasa supervisión en redes sociales desde edades excesivamente tempranas). Tanto adolescentes como niños se han visto —y seguirán viéndose— afectados en su salud mental por estos algoritmos, que pueden provocar dificultades en la concentración, alteraciones en los patrones de sueño y, en el caso particular de los adolescentes, una baja autoestima, la aparición o el incremento de síntomas de ansiedad o depresión, e incluso el desarrollo de adicciones o trastornos mentales.
Las redes sociales forman parte de la cotidianidad de jóvenes y adolescentes; sin embargo, no muchos son conscientes del daño que estas pueden llegar a provocar debido al diseño de sus algoritmos. Los neurólogos han trabajado meticulosamente para estimular el cerebro de forma estratégica, asegurando que los usuarios permanezcan durante horas en las plataformas, incluso cuando el contenido resulte perjudicial. A esto se suma el impacto negativo del tiempo excesivo frente a las pantallas.
Como parte del desarrollo de este artículo, se llevó a cabo una recopilación de datos que incluyó la revisión de siete fuentes en distintos formatos, seleccionadas por su relevancia y aporte al análisis del tema. Asimismo, se realizó una breve entrevista a la psicóloga colombiana Janeth Carballo y se aplicó un formulario a diez estudiantes de un colegio en Colombia, con el fin de complementar el texto con perspectivas profesionales y testimonios directos.
Es necesario definir el concepto de salud mental para desarrollar su relación con los algoritmos de las redes sociales. En distintas fuentes se plantea que la salud mental puede considerarse un estado de bienestar, clave para la vida y el desarrollo personal, social y económico de cada individuo. Esta se determina por factores como la genética —que puede incrementar las posibilidades de desarrollar un trastorno mental— y/o por eventos que ocurren en el transcurso de etapas de crecimiento sensibles, como la primera infancia, además de eventos traumáticos que pueden suscitarse a lo largo de la vida.
Esto indica que hay diversos factores que influyen en la salud mental de cada individuo, dependiendo de sus vivencias personales, las cuales debemos conocer en términos generales para analizar a la población objeto de estudio: los adolescentes del siglo XXI.
Por otro lado, en cuanto a las redes sociales, los algoritmos son el mecanismo principal a través del cual estas plataformas capturan la atención, mediante el análisis continuo del comportamiento del usuario. Cada interacción —incluso aquellas que ocurren fuera de la aplicación— es registrada: desde la ubicación hasta los datos personales a los que la red tiene acceso. Toda esta información se utiliza para construir un For You Page (la sección de recomendaciones de videos o imágenes que aparece al abrir una red social), personalizado meticulosamente según los intereses de cada individuo.
Según lo expuesto en el documental El dilema de las redes sociales (2020), «pasamos de un entorno tecnológico basado en herramientas a un entorno basado en la adicción y la manipulación». Eso es lo que cambió. Las redes sociales no son una herramienta que espera a ser usada. Tienen sus propias metas y sus propios medios para conseguirlas, al usar tu psicología en tu contra.
Esta tendencia se refleja en la siguiente figura, que muestra el porcentaje de adolescentes del siglo XXI —encuestados para este artículo— que reconocen tener dificultades para limitar su tiempo en redes sociales.
Figura 1
El impacto de las redes sociales en la salud mental de los adolescentes del siglo XXI.

En cuanto al aspecto neurocientífico y al motivo por el cual los algoritmos de las redes sociales pueden perjudicar la salud mental, la psiquiatra Marian Rojas (2024) explica que esto se debe a la dopamina, una hormona del placer que segrega el cerebro en respuesta al uso de estas plataformas.
Las redes sociales están diseñadas para estimular la producción de dopamina, creando una asociación en el cerebro que nos hace percibirlas como una fuente de bienestar. Esta hormona, también presente en situaciones de consumo de drogas o contenido sexual, sobreestimula el cerebro, que no está preparado para recibirla con tanta frecuencia.
Como consecuencia, se desarrollan dos efectos: en primer lugar, una necesidad creciente de estimulación para alcanzar la misma sensación de bienestar, lo que incrementa el uso de redes sociales y puede derivar en dependencia o adicción; y en segundo lugar, una menor tolerancia a las emociones negativas, ya que el cerebro se acostumbra gradualmente a experimentar únicamente sensaciones asociadas al placer.
Según el análisis realizado por Rodríguez y Fernández (2013), los adolescentes que pasan más tiempo en redes sociales tienden a mostrar con mayor frecuencia conductas problemáticas que se expresan hacia el exterior, como mayor agresividad, incumplimiento de normas y dificultades de atención. Esto sugiere una correlación entre el uso prolongado de estas plataformas y un incremento de comportamientos disruptivos.
Además, el estudio de Lhaksampa, T., Platt, R., Miller, L. y Vidal, C. (2020) afirma que ha habido un aumento en la tasa de comportamientos relacionados con la depresión y el suicidio en las últimas dos décadas, lo cual coincide con el surgimiento de las redes sociales, usadas mayoritariamente por adolescentes.
Es importante señalar que los adolescentes del siglo XXI, a diferencia de otras generaciones, han vivido el aislamiento social ocasionado por la pandemia de COVID-19 durante su pubertad. Según Cancino, Neumann y Sandoval (2021):
«La pandemia ha tenido repercusiones negativas en la salud mental de la población pediátrica, lo que se ve reflejado a través de la agudización de los trastornos alimenticios, patrones del sueño, y aparición/aumento de la sintomatología ansiosa y depresiva. Los hallazgos tienen implicancias importantes para futuros profesionales, sobre la importancia de abordar el estrés relacionado con la pandemia y poder desarrollar intervenciones para esta población en particular».
En este punto, resulta relevante mencionar una breve encuesta realizada a diez estudiantes de décimo grado de un colegio colombiano. Los resultados —representados en la figura siguiente— reflejan que el 90 % de los estudiantes que respondieron a la encuesta reconocen que su salud mental se vio afectada, en mayor o menor medida, por el aislamiento social provocado por la pandemia de COVID-19.
Figura 2
El impacto de las redes sociales en la salud mental de los adolescentes.

Como información complementaria, la psicóloga Janeth Carballo (2025) señala que las sustancias psicoactivas, así como el uso excesivo del celular, pueden llevar a las personas a creer que las necesitan para ser felices o para desenvolverse en su vida cotidiana. Esta percepción se refuerza a través de la costumbre y la adaptación, lo que puede derivar en una dependencia. Sin embargo, aclara que el uso de estas sustancias o conductas generalmente parte de un problema interno al que se busca dar solución. Finalmente, enfatiza la importancia de estar preparados emocionalmente desde nuestra crianza para afrontar las dificultades sin recurrir a estos métodos perjudiciales.
En el caso de los adolescentes del siglo XXI, el «problema interno» al que hace referencia Janeth Carballo puede asociarse con los efectos negativos del aislamiento social y la pandemia del COVID-19. Durante este periodo, gran parte de esta población presentó indicios de sintomatología ansiosa y depresiva, así como una agudización de trastornos alimenticios, entre otros problemas de salud mental. Al mismo tiempo, TikTok desempeñó un rol más protagónico gracias a su algoritmo altamente adictivo. Muchos adolescentes, al igual que numerosos adultos, adoptaron esta plataforma como un método para sobrellevar sus dificultades emocionales, aunque, de manera inconsciente, terminaron agravándolas.
En conclusión, el impacto de los algoritmos de las redes sociales sobre la salud mental de los adolescentes del siglo XXI es innegable y responde a una estructura meticulosamente diseñada para generar dependencia emocional y conductual. La evidencia científica, el análisis neurobiológico y los testimonios recogidos demuestran que estas plataformas no solo explotan la vulnerabilidad emocional propia de la adolescencia, sino que también agravan los efectos del aislamiento social vivido durante la pandemia, contribuyendo al aumento de síntomas ansiosos, depresivos y comportamientos compulsivos.
Frente a todo esto, es importante que los adolescentes comprendan cómo funcionan las redes sociales y aprendan a usarlas de manera responsable desde pequeños. No se puede permitir que estas plataformas controlen lo que sienten o piensan solo porque están hechas para mantenerlos conectados el mayor tiempo posible. Por eso, se necesita apoyo en casa, en el colegio y entre amigos, para que los jóvenes aprendan a manejar sus emociones, a desconectarse cuando lo necesiten y a cuidar su salud mental.
Esta colaboración ha sido publicada gracias al esfuerzo conjunto de Dialektika y Colegio Montessori Cartagena. Para saber más sobre este proyecto creativo siga el enlace.





