Líneas Anticoronavirus – Aforismos

julio 15, 2020

 

Foto por Engin Akyurt

Mi vecino canta. Mi vecina escucha la radio a todo volumen. Un hombrecillo silba no lejos de mi habitación. Mi hija estudia con ahínco. Mi mujer trabaja concienzudamente. Una amiga elabora un nuevo recetario en línea. Yo estoy esperando el fin… ¿Es tan sólo una paradoja o sólo un medio inocuo para que, llegado el momento, cualquier cosa que se avecine no nos agarre desprevenidos?

 

Es raro ver a los soberanos del mundo ponerse más o menos de acuerdo entre ellos una sola vez en su vida: cada cual anticipa lo peor de sus respectivos reinos.


Ante la pandemia, inevitable pensar en uno mismo. Esto de ningún modo es falta de sentido humanitario, sino una elemental carencia de proporciones.


No concuerdo con esta radical idea del fatalismo. Es tan inhumana y desproporcionada en tiempos de mortandad extrema.


Todo lo que acontece, por asombroso o irracional que nos parezca, en realidad es resultado de una expiación del absurdo, del sinsentido de nuestras vidas.


Hoy salí a la calle. Hay una extraña calma, una apacible cotidianidad inyectada de cierta incertidumbre. Los comercios abiertos. La gente caminando. Es claro que vivimos dos realidades: la realidad real y la otra realidad, cualesquiera que sean éstas.


Mi vecino canta. Mi vecina escucha la radio a todo volumen. Un hombrecillo silba no lejos de mi habitación. Mi hija estudia con ahínco. Mi mujer trabaja concienzudamente. Una amiga elabora un nuevo recetario en línea. Yo estoy esperando el fin… ¿Es tan sólo una paradoja o sólo un medio inocuo para que, llegado el momento, cualquier cosa que se avecine no nos agarre desprevenidos?


Reviso algunos tweets. Para bien o para mal, todos hablan de lo mismo, algunos incluso con sobrado ingenio. ¿Será casual que los virus reales se propaguen con la misma facilidad con que se expanden los virus artificiales por todo el planeta?


El presidente López Obrador ha exhortado a la población a seguir comiendo en fondas y continuar su vida como si tal cosa. A las dueñas de estos establecimientos, de raigambre netamente popular, y ante la contingencia, no les quedará más remedio que transitar del medio tradicional al digital a través de suculentas Fondas Virtuales, sin el añadido de los ocasionales problemas estomacales, tan arraigados en el siempre entusiasta pueblo de México.


Por decreto oficial, la pandemia del coronavirus es declarada enemiga de la humanidad. El decreto lo han firmado los promotores indirectos de aquélla y los enemigos directos de ésta.


Si morimos todos: ¿qué sentido tiene haber pronunciado nuestra última voluntad?


Resistir terremotos, violencia y epidemias no es parte del “ingenio mexicano”, sino una broma cruel de la naturaleza, de los poderosos y del –ahora más que nunca de manifiesto– precario sistema de salud pública.


Me caí de la cama, mientras soñaba con un general, justo cuando entrábamos en la fase 2. ¿Qué significado puede tener esto?


Mientras George R.R. Martin aprovechaba la cuarentena para terminar Vientos de Invierno resguardado en su búnker y con un sirviente a su entera disposición, yo me limitaba a escribir unas cuantas líneas con altas probabilidades de contagio.


Me deleito con música medieval. ¡Ah, qué acertado y tan a propósito me siento hoy!


Pasa un elotero solitario enfrente de mi calle. Aún mantengo la fe.


¿Estaré experimentando un insano acercamiento de Susana Distancia?


Nuevo slogan: “Quédate en casa o, mejor, más casero que una pantufla.”


Las teorías de la conspiración que han surgido recientemente sobre el origen del Covid-19 no son propiamente seudociencias de las ciencias sociales; más bien, subgéneros literarios del género noir o novela negra en su estado más puro, es decir, rudimentario.


Confinamiento y desconfinamiento: dos términos que se oponen entre sí y que se elevan, más que a una categoría de contrarios, con sus repercusiones sociales, económicas y sanitarias, a un simple recurso de prioridad comunicativa.


Dios ha muerto, después de todo… Nada tan cierto, luego de su muerte, como la certeza de que el súper hombre es apenas un foco multitudinario de infección.


¿Dónde están los filósofos? No los veo. No me percato de su presencia. Deberían estar, junto con los médicos, en el primer frente de batalla.


Cuántos estragos. Cada día que transcurre es como haber bebido en exceso el día anterior: la cara de la pandemia.


Nos formaron y nos tomaron la temperatura. Avanzamos disimuladamente a paso rápido. Yo me interné apresuradamente en la zona de frutas y verduras. Estaba aún libre de gente. Mientras abastecía mi carrito, no sé por qué me invadió de pronto una sensación de inicua culpabilidad.


Ante un panorama a todas luces sombrío, lo mejor sería sacar lo mejor de cada uno de nosotros. El problema es que “lo mejor de cada uno de nosotros” no está supeditado a nosotros mismos, sino a acontecimientos exteriores sombríos.

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