Desde la madrugada de este sábado hemos seguido con atención y cautela los acontecimientos que se desarrollan en Venezuela. La información inicial, marcada por un operativo militar de Estados Unidos y la detención de Nicolás Maduro y su esposa, fue seguida por una rápida y confusa circulación de versiones, desmentidos parciales, reacciones diplomáticas y declaraciones oficiales que, en muchos casos, han contribuido más a la opacidad que a la claridad.
En su más reciente comparecencia pública, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ofreció nuevos elementos sobre los pasos que su administración prevé dar respecto a Venezuela y, en términos más amplios, sobre su concepción del «hemisferio occidental». Entre sus afirmaciones, destacó la idea de que Washington asumiría un rol directo en la administración del país, con un equipo aún no definido, e incluyendo el control de sectores estratégicos como la industria petrolera, así como la definición de su futuro liderazgo político.
Desde Dialektika consideramos imprescindible no precipitarnos en la interpretación de los hechos. No obstante, la prudencia informativa no puede confundirse con la neutralidad moral. Desde esta redacción expresamos nuestra condena firme y explícita a lo ocurrido hoy, en tanto constituye una nueva expresión del intervencionismo estadounidense en la región y una apropiación abierta de recursos estratégicos bajo una lógica de poder que creíamos —o queríamos creer— superada.
Estos acontecimientos reactivan un imaginario colonial que América Latina conoce demasiado bien: la suspensión de la soberanía en nombre del orden, la imposición de soluciones externas y la subordinación de pueblos enteros a intereses geopolíticos ajenos. No se trata únicamente de una agresión puntual, sino de un precedente que erosiona el ya frágil entramado del derecho internacional y normaliza la violación de principios básicos de autodeterminación y convivencia entre naciones.
Venezuela es uno de los países desde los que más se nos lee y América Latina, la región de origen de una parte sustancial de nuestra comunidad. Entendemos que este hecho tendrá consecuencias profundas no solo para Venezuela, sino para el equilibrio político regional, para las formas de gobernanza en el continente y para la relación futura entre los Estados latinoamericanos. Más aún, estos sucesos asestan un golpe adicional a la noción —ya debilitada— de valores universales, justicia imparcial y normas compartidas que han sido sistemáticamente invocadas —y a menudo traicionadas— por las potencias que hoy dicen defenderlas.
En Dialektika creemos en el debate libre de ideas, pero también en la democracia, la justicia social y la convivencia pacífica bajo normas internacionales equitativas. Creemos que ningún proyecto político, por ilegítimo que sea, justifica la anulación de la soberanía de un pueblo ni la sustitución de su destino por decisiones tomadas desde centros de poder externos. Los hechos de hoy anuncian un retroceso que afectará no solo a nuestra región, sino al mundo entero.
Somos plenamente conscientes del sufrimiento del pueblo venezolano y de los años de abusos, corrupción y violaciones de derechos humanos cometidos bajo el régimen de Nicolás Maduro. Nuestras páginas han sido un espacio constante de crítica a ese régimen y de denuncia de sus prácticas. Nuestro respaldo a la sociedad venezolana es firme e inequívoco. Pero precisamente por ello, sostenemos que la liberación de un pueblo no puede construirse sobre la negación de su agencia ni sobre la imposición de un tutelaje extranjero.
Mantener estándares editoriales rigurosos implica, en ocasiones, asumir posiciones claras como esta. No claudicaremos frente a la injusticia, provenga de donde provenga, ni aceptaremos la lógica según la cual el poder militar sustituye al derecho o la fuerza se impone como atajo a la democracia.
Condenamos enérgicamente la actuación de la actual administración estadounidense, no solo por la agresión en sí, sino por la claridad con la que su propio presidente ha afirmado que el futuro de Venezuela no estaría en manos de los venezolanos, ni siquiera en las de sus fuerzas opositoras, sino en Washington. Esa afirmación revela el verdadero alcance de lo ocurrido hoy.





La aplicación descarada de la Doctrina Monroe, es un peligroso precedente en la política internacional