Ferraris, Maurizio (2024). El Manifiesto del Webfare: De la guerra de los datos al bienestar de los datos. Materia Oscura Editorial. Segovia.
En las dos últimas décadas del presente siglo, el filósofo italiano Maurizio Ferraris se ha consolidado como una figura clave del Nuevo Realismo, desarrollando una crítica que vincula tecnología, producción documental y los efectos del capitalismo digital. A ello se suma su formación hermenéutica y el diálogo con la fenomenología deconstructiva de Derrida, que han nutrido su compromiso con la teorización de una ontología del ser digital. Maurizio Ferraris es catedrático de Filosofía Teorética en la Universidad de Turín, donde dirige el Laboratorio de Ontología y preside el Instituto de Estudios Avanzados Scienza Nuova. Su obra, que abarca desde Manifesto del nuovo realismo (2012) hasta Metafísica de la Web, pasando por Documentalidad: ¿por qué es necesario dejar huellas? (2023) y ¿Dónde estás? Ontología del teléfono móvil (2008), constituye una propedéutica para pensar la inscripción, la huella y la realidad social.
Entrando más en contexto, y haciendo un balance de sus últimos textos, debe examinarse Documanidad: una filosofía del nuevo mundo (2023), publicado bajo el sello Alianza Editorial, donde Ferraris ofrece un diagnóstico certero que reactualiza su teoría documental en un escenario atravesado por los efectos pospandemia y una reconfiguración global orientada a nuevas formas de capitalización. Un año después, este proyecto vuelve la mirada sobre la ontología social como teoría general del documento y la filosofía de la tecnología como nueva antropología, para alcanzar un nuevo estadio que retorna al formato significativo del manifiesto como forma primigenia de declaración vital y estratégica en su reflexión filosófica. Bajo esta égida, ve la luz El Manifiesto del Webfare (2024), espacio donde Ferraris vuelve a asumir una posición dual como analista metódico y como ensayista crítico de las transformaciones tecnológicas contemporáneas. Sin embargo, en esta ocasión su pensamiento alcanza un punto de inflexión, donde la ontología del documento y el Nuevo Realismo se proyectan hacia una ética política y tecnológica que articula justicia social, transformación digital y economía de la atención.
El volumen inicia con un estudio preliminar firmado por el profesor e investigador Jimmy Hernández Marcelo, quien contextualiza la propuesta de Ferraris en el marco de los debates contemporáneos. En este apartado, Hernández Marcelo ofrece una lectura crítica, identifica determinaciones correlativas y delimita las nociones a partir de las cuales el Nuevo Realismo de Ferraris se orienta hacia la teoría de la documentalidad, para posteriormente derivar en una reflexión sobre el mundo íntimo de los procesos de capitalización. Esta idea puede entenderse como un retorno cíclico, dado que Ferraris ya había abordado esta problemática en Metafísica de la Web y Documanidad; no obstante, en Manifiesto del Webfare adquiere un nuevo registro argumentativo y conceptual. El cometido de este nuevo estudio será entonces proponer, a partir de la comprensión de la Web como instrumento de emancipación, una «revolución copernicana» —el tránsito del Welfare o de bienestar social al Webfare o de bienestar digital—, según palabras del propio Ferraris, un modelo de justicia social acorde con la realidad tecnológica contemporánea, capaz de esclarecer la lógica y las formas del proceso de capitalización, y de contribuir a la configuración de un auténtico proyecto de transformación social.
Para hacer manifiesta su intención, Ferraris estructura Webfare en seis capítulos que delinean un itinerario conceptual orientado a desmontar las lógicas heredadas del neoliberalismo y abrir el horizonte hacia una nueva economía del sentido en la era digital. Así, inicia con «De la tiranía del mérito a la democracia de la necesidad», donde examina las bases ideológicas del mérito individual; continúa con «De lo analógico a lo digital», para pensar el paso ontológico entre soportes y modos de existencia; prosigue con «De la inteligencia artificial a la inteligencia natural», donde cuestiona las promesas y límites de la IA; sigue con «Del capital humano al patrimonio de la humanidad», proponiendo un cambio de paradigma en la valoración de lo social; luego aborda «Del homo faber al homo sapiens», que reflexiona sobre la condición humana en la era digital; y culmina con «Del Welfare al Webfare»», donde articula su propuesta filosófica hacia un nuevo modelo de justicia social digital.
El capítulo I, «De la tiranía del mérito a la democracia de la necesidad», abre con una crítica incisiva al mito contemporáneo del mérito, concebido como principio rector de la justicia social en las democracias liberales. En este sentido, Ferraris afirma que la idea del mérito —antidemocrática por demás— está contaminada por criterios volátiles, arbitrarios y contextualmente inestables. Como alternativa, propone una ontología de la necesidad como fundamento ético-político del orden digital: «es la necesidad, mucho más que la producción, lo que nos constituye como seres humanos desde el principio» ¹. Esta inversión copernicana se apoya en la revalorización del consumo, que deja de ser visto como derroche o pasividad y se convierte en fuente de valor económico a través del registro digital de las acciones cotidianas.
Desde una perspectiva filosófica, este capítulo cumple una función fundacional, ya que se enfoca en cuestionar los supuestos morales del neoliberalismo desde una perspectiva ontológica. Siguiendo esta línea, el análisis conduce al autor a recuperar la necesidad como vector de igualdad, en tanto estructura universal e ineludible de lo viviente. Sobre esta base, Ferraris formula su propuesta de Webfare como una redistribución del capital digital no en función del mérito —siempre elitista—, sino de la necesidad —universal y constitutiva—. Sin embargo, amén de estas reflexiones, puede señalarse que el autor no profundiza lo suficiente en los mecanismos concretos de esta redistribución, ni en los posibles efectos no deseados de una economía basada en la exposición total del vivir.
El capítulo II, «De lo analógico a lo digital», presenta una cartografía de las esferas del registro: icnosfera (huellas), infosfera (información), docusfera (documentos) y antroposfera (acción humana). Ferraris argumenta que el paso a lo digital no es solo un cambio técnico, sino una mutación ontológica, en la que lo real se torna registrable, reproducible y capitalizable. Esta dimensión estructural del dato modifica el eje epistemológico de la modernidad, puesto que ya no se trata de representar el mundo, sino de dejar huella en él. La potencia de este capítulo radica en su esfuerzo por construir una ontología del registro digital que supere tanto el idealismo informacional como el nihilismo posmoderno. Sin embargo, la excesiva confianza en la continuidad entre huella y valor puede pasar por alto los efectos de ruido, saturación o manipulación que acompañan al actual régimen de documentación masiva.
El capítulo III, «De la inteligencia artificial a la inteligencia natural», propone una distinción crítica entre inteligencia artificial y natural, subrayando que la producción de sentido, y por ende de valor, sigue siendo una prerrogativa humana. Mientras las máquinas operan mediante optimización y repetición, únicamente el ser humano posee la capacidad de anticipar y reinterpretar. El capítulo se enmarca en un humanismo realista que resiste tanto al entusiasmo tecnófilo como al pesimismo antropológico. Su fuerza reside en la recuperación de la filosofía de la finitud como horizonte de sentido. Sin embargo, la crítica puede apuntar a cierta vaguedad en la delimitación operativa de la inteligencia natural.
El capítulo IV, «Del capital humano al patrimonio de la humanidad», desarrolla una crítica a la noción de capital humano, que reduce la subjetividad a un recurso competitivo dentro de la lógica neoliberal. En su lugar, Ferraris propone la noción de patrimonio de la humanidad, entendido como el conjunto de datos generados por las acciones cotidianas de los individuos. Este patrimonio es nuevo porque ahora puede ser registrado, es rico porque condensa prácticas, deseos y elecciones, es renovable porque los datos no se agotan en su uso, y equitativo porque deriva de la necesidad. La originalidad de este capítulo radica en su propuesta de una economía del dato que supere la lógica de la explotación cognitiva y recupere una idea de valor común.
El capítulo V, «Del homo faber al homo sapiens», elabora una antropología filosófica que invierte el paradigma del trabajo. En el contexto de la automatización, el esfuerzo físico pierde centralidad, y el ser humano se redefine no por su racionalidad, sino por su capacidad de generar sentido a partir del consumo, la movilización y la interacción digital. Este capítulo representa uno de los giros más sugerentes del libro: el paso del trabajo como producción a la vida como productividad. Este giro constituye uno de los aportes más significativos, puesto que el valor ya no se produce exclusivamente mediante la fabricación de bienes, sino también a través de actividades cotidianas como caminar, navegar o desear. El autor abre así un espacio para pensar el trabajo vivo en su dimensión simbólica y existencial.
El capítulo VI, «Del Welfare al Webfare», culmina el libro con una propuesta político-filosófica: el Webfare entendido como un sistema de redistribución de la plusvalía documedial. Ferraris articula su propuesta en torno a cuatro mecanismos: bancos de virtud (gestión ética de los datos), tutela (protección jurídica), interpretación (inteligencia cívica de los registros) y redistribución (transferencia de valor a los usuarios). El objetivo no es abolir el capital digital, sino socializarlo, reconociendo que los datos producidos en la vida cotidiana poseen un valor económico que debe beneficiar a sus generadores. Este capítulo adopta un tono programático y visionario. Ferraris configura una suerte de nuevo contrato social para la era digital, fundado en la necesidad, la huella y el registro. Su propuesta desafía tanto al neoliberalismo de las plataformas como al colectivismo tecnofóbico.
La propuesta de Ferraris, si bien innovadora y conceptualmente audaz, presenta ciertas limitaciones que requieren un examen riguroso. La arquitectura teórica que sostiene el Webfare, basada en una ontología del registro anclada en la documentalidad, la histéresis y la performatividad de los actos digitales, resulta eficaz en el diagnóstico del presente, pero manifiesta una debilidad estructural al proyectarse hacia el plano normativo. El tránsito desde la huella ontológica hacia un diseño institucional para el bienestar digital se produce con escasa articulación intermedia, dejando abiertas cuestiones clave sobre la viabilidad de esa redistribución del capital documedial. Mecanismos como los bancos de virtud, las plataformas redistributivas o los sistemas de interpretación cívica de los datos aparecen formulados más como intuiciones provocadoras que como propuestas técnicamente detalladas o jurídicamente viables. En este sentido, la solidez filosófica del enfoque contrasta con una cierta ligereza en su dimensión política.
Una segunda ambigüedad recorre toda la obra: Ferraris oscila entre una voluntad emancipatoria y una lectura optimista de la infraestructura digital que, por momentos, parece subestimar el grado de captura estructural ejercido por las plataformas sobre la vida conectada. La hipótesis de que los datos generados por los usuarios puedan constituirse en patrimonio común presupone un umbral de agencia técnica y jurídica que hoy resulta extremadamente precario. No basta con que nuestras acciones dejen huellas para que estas se conviertan en capital colectivo; se requiere una disputa activa sobre los mecanismos de recolección, acceso y distribución. Sin embargo, el texto no proporciona herramientas para esa confrontación, sino que confía en que el reconocimiento de la necesidad como categoría igualadora bastará para revertir décadas de privatización del valor informacional. En su esfuerzo por evitar el pesimismo tecnofóbico, Ferraris corre el riesgo de deslizarse hacia un nuevo idealismo digital, en el que la Web aparece como espacio natural de justicia potencial, ignorando que se trata de una arquitectura diseñada para la segmentación y la valorización desigual.
Al redefinir el trabajo como toda forma de producción de valor, incluyendo el ocio, la navegación o la expresión emocional, Ferraris corre el riesgo de diluir las fronteras entre explotación y participación, debilitando la potencia crítica del concepto de trabajo. La necesidad, propuesta como nuevo principio organizador, no aparece suficientemente problematizada en términos institucionales ni resguardada frente a su posible codificación en clave mercantil. En última instancia, Webfare no solo plantea una teoría del valor digital, sino que deja abierta la exigencia de una política del dato por venir. A pesar de sus ambigüedades, la obra tiene el mérito de desplazar el foco de la crítica filosófica hacia un horizonte propositivo, en el que la justicia no se limita a la denuncia del capitalismo de plataformas, sino que se atreve a imaginar un modelo redistributivo a partir de las condiciones tecnológicas actuales. En este punto, el pensamiento de Ferraris se aproxima más a una filosofía de la esperanza que a una teoría de la revolución, ya que no busca abolir la infraestructura digital, sino reorientar su performatividad hacia fines comunes.
No obstante, esta confianza en la ontología del registro requiere ser complementada con una crítica más incisiva de las relaciones de poder que gobiernan la economía de los datos. De lo contrario, el Webfare corre el riesgo de reproducir la misma paradoja que denuncia: una sociedad en la que todo ser vivo produce valor, pero solo unos pocos lo capitalizan. La justicia digital, al igual que la justicia política, no emerge de manera espontánea, sino que exige mediaciones, conflictos y estructuras. En ese sentido, el pensamiento de Ferraris aún no ha descendido plenamente al terreno de lo institucional.
Allí donde Documentalidad, Metafísica de la Web y Documanidad ofrecían el marco teórico general, El Manifiesto del Webfare, como texto más reciente, representa una apuesta por una filosofía práctica orientada a contrarrestar los excesos del capitalismo digital. En este nivel, la propuesta revela una impronta marxista explícita, articulada en torno al principio: «a cada cual, según sus capacidades; a cada cual, según sus necesidades».




