Notas críticas sobre el año 2025

enero 1, 2026
Retrato oficial de la toma de posesión de Donald Trump por Daniel Torok. Lo que llama la atención aquí es que la expresión facial de Trump está tomada de su ficha policial de Georgia. La dirección de la luz proyectada sobre el sujeto añade dramatismo a la foto.
Retrato oficial de 2025 en el sitio de la Casa Blanca

2025 el año del retorno de Trump

2025 pasará como el año en Trump fue ratificado. Su reelección significa, ante todo, que su primer mandato no fue un accidente. Segundo, que el ascenso de la derecha no es un fenómeno marginal, pues éste se asienta ya en el centro del poder político, social y militar mundial. Pero ¿quiénes han sido los perdedores? Lo que termina es, sin duda, la hegemonía liberal y sus instituciones y discursos económicos, sociales y políticos. Con ello, queda probado que el capitalismo puede persistir en los regímenes más diversos y que no existe ninguna relación necesaria entre aquel y la democracia, como se defendió durante décadas. Que el capitalismo fuese posible a nivel mundial requirió una cooperación entre los regímenes políticos y jurídicos más diversos. El liberalismo siempre lo supo y lo utilizó. Se sirvió de la derecha múltiples veces y del fanatismo religioso; incitó la violencia para efectuar golpes de Estado y finalmente, entregó el mundo a un puñado de magnates. La derecha es el sucesor nombrado a regañadientes por los liberales. Hoy la agenda liberal social y política puede ser desechada por las nuevas formas de capitalismo sin perjuicio suyo. ¿Dónde queda al respecto el comunismo? Éste ha perdido también su carácter de alternativa. Es por ello que la derecha logra combinar un carácter revolucionario y reaccionario a la vez. Pero intentemos ver más lejos. La derecha mundial, especialmente la estadounidense, colapsa a liberales y comunistas en una única sustancia. Los demócratas son tratados como «radicales de izquierda», indistinguibles de los «marxistas». Esta amalgama no es accidental. Liberalismo y comunismo son los dos grandes productos de la Revolución Francesa. El comunismo no es sino el resultado de la autocrítica del liberalismo que comprendía hasta qué punto la emancipación social y el capitalismo eran incompatibles. 2025 significa un desprecio y una derrota de liberalismo y del comunismo por igual. El retorno de Trump a la Casa Blanca representa la revancha del ancien régime. Las figuras derrotadas de la historia relativamente reciente son reivindicadas. Mussolini, Hitler, los Confederados, Pinochet: todos son reintroducidos al discurso como héroes incomprendidos, sepultados por el «marxismo cultural», la «ideología de género» y el mundo «woke». Igualmente se reivindica el colonialismo, el esclavismo, y nuevos discursos de superioridad cultural. Pero ¿cómo hablar del retorno del antiguo régimen si el poder de reyes y papas pertenece definitivamente a un mundo desaparecido? Simplemente hay que tomar los ideales de la Revolución Francesa y ver cómo cada uno de ellos es combatido de manera explícita. La ciencia pierde su legitimidad y su derecho a regir la vida social. La aspiración igualitaria es desechada en nombre de jerarquías de género, raciales o culturales. El internacionalismo comunista se combate con un furioso nacionalismo. El mundo laico arde convocando una celosa religiosidad. Todo se resume en el moto revivido de patria, Dios y familia.

La esperanza

La esperanza no está basada en ningún contenido. Forma parte de la estructura misma del tiempo humano. No hay nada que haga necesario un evento en el futuro. Ningún régimen ha durado para siempre. Ninguna vida. Ninguna idea. Por ello, cada instante posee la posibilidad de un cambio, de un «no más», de algo nuevo, distinto. Toda acción se nutre secretamente de la estructura temporal de la experiencia. Sin embargo, este suelo nutricio es vacío sin un querer determinado. El rechazo radical de un modo de vida, de un tipo de relación social, de un vínculo de dominación, es siempre el comienzo de la acción determinada. Pero no existe acción sin el juego imaginativo, sin el ejercicio utópico que intenta transformar lo actual en otra cosa. Podemos tomar las ideas de Schelling, aunque con una orientación opuesta. En las Edades del mundo dice: el pasado es narrado, el presente es expuesto, el futuro es predicho. Podríamos enmendar esta frase diciendo que el pasado es narrado para comprenderse; que el presente es expuesto para ser criticado; y que el futuro es penetrado bajo la forma de la utopía. El pasado es nuestra herencia, un acervo de virtualidades que nos han sido heredadas. El presente es el campo de batalla de la crítica. El futuro es el esfuerzo por actualizar las virtualidades del pasado más allá del dolor del presente. Lo único que nos puede sostener en tiempos oscuros es la lucidez, la terquedad y los intentos de reorganización colectiva.

Concretamente debemos participar en acciones políticas colectivas. No puede decirse a priori que dichas acciones deban estar «fuera» o «dentro» de las estructuras de la vida política establecida. Tampoco que deban decidirse entre el cambio poco profundo e inmediato o profundo y quizá irrealizable. El camino político no puede ser unilateral, eligiendo la pureza de un extremo. Pero tampoco puede ser «dialéctico», si por ello se entiende una «reconciliación de opuestos». No hay en política sino un camino en zigzag. Y para ello, es preciso participar en todo aquello que apunte a una vida en común más justa. En el caso de América Latina el apoyo a gobiernos de izquierda constituye un valiente esfuerzo por mantener un modo de vida colectivo más digno que el que hoy domina el mundo.

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