En defensa del llamado «wokismo»

febrero 12, 2025

No se puede combatir con la razón lo que nunca se originó en la razón.

Jonathan Swift

En el ámbito anglosajón es común leer cosas como The Origins of Wokeness, de Paul Graham. El autor es informático, según parece, pero de esos a los que, como cantaba Bunbury, les encanta «abrir tanto la boca para opinar» (Entre dos tierras, Héroes del silencio). Sin duda está en su derecho, pero a menudo antes de tener opinión se debe tener también biblioteca. De hecho, este textillo suyo está surcado de contradicciones, paralogismos y absurdos, muy corrientes hoy, de los cuales voy a tratar de señalar algunos aquí. 

1) El darwinismo puro tal como lo concibe este señor hace mucho que no existe, y ni siquiera existía en el propio Darwin. Se trata de un apaño de Herbert Spencer y del propio primo de Darwin, Francis Galton, un lumbrera defensor de la eugenesia -pronto, por cierto, volveremos a oír hablar de ella con toda seguridad… ¿Acaso el anti-wokismo defiende que en el plano social tenga lugar también la inmisericorde lucha por la vida de las novelas de Jack London? Y en tal caso… ¿por qué, es que les repugna la civilización y echan de menos la «guerra de todos contra todos»? Parece que sí, puesto que Trump antes de ganar las elecciones insinuó que iba a instaurar un «día de la purga», como las pésimas películas del mismo nombre… Sin embargo, eso no era lo que predicaba el liberalismo una y otra vez, desde Thomas Hobbes en adelante, el liberalismo lo que decía es que es mucho más conveniente para el hombre vivir en estado de civilidad que en estado de naturaleza.

2) Claro que eso que denominan despreciativamente «wokismo» es cierta forma de religión, ¿qué, si no? Nadie podría disimularlo. En la Revolución Francesa se entronizo a la diosa Razón, y Auguste Comte promovió la construcción de templos -en Brasil, por ejemplo- donde se venerase a la Humanidad en su conjunto, concebida como el Ser Supremo. ¿Acaso el anti-wokismo prefiere la irracionalidad y propone que no exista concepto global de humanidad porque ciertos grupos humanos son menos humanos que otros y no merecen su inclusión en la suprema entidad? Parece que sí, vista la política de EE.UU. hacia Gaza, por ejemplo. Sin embargo, eso no era lo que predicaba el liberalismo una y otra vez, desde Thomas Hobbes en adelante, el liberalismo lo que decía es que todo ser humano nace desnudo de atribuciones de etnia, patria o condición, y que en la carrera de la vida -metáfora del propio Hobbes- todos debieran partir del punto de salida con iguales oportunidades (todavía recientemente en John Rawls la magnífica idea del «velo de ignorancia»).

3) Aristóteles decía que ciertas virtudes no se convierten en excesos con su incremento. Por ejemplo la honestidad. No hay exceso vicioso para la honestidad, uno diría que cuánto más honesto se sea mejor. ¿Acaso los anti-wokistas están sugiriendo que los humanos no deben pasarse de buenos, o de cariñosos, o de cooperativos, o…? ¿El antiwokista cuando se compra un coche lo machaca un poco con un bate de béisbol para que no parezca nuevo y flamante? ¿Somos mejores siendo peores? ¿El propósito de la verdadera moral, la moral no hipócrita, es conducirnos a la Ley de la Selva (pero que es mucho peor que la ley de la Selva, ya que, como leí en una viñeta de El Roto, y ya había percibido antes Rudyard Kipling, hasta en la selva se respetan innumerables equilibrios). Porque se puede estar de acuerdo en que ciertos códigos morales que se pretenden puros puedan abocar al fanatismo, pero ni siquiera Kant pensó jamás que fuera mínimamente deseable una sociedad compuesta de los que él llamaba «voluntades santas». Donde hay voluntades santas no hay sociedad alguna, de ahí el ideal de los anarquistas posteriores a Kant. Por tanto… ¿a qué «hombre de paja» atacan específicamente los antiwokistas? ¿y no son los minarquistas y los anarcocapitalistas precisamente los que reinvindican una cierta forma de anarquismo?

4) Parece psicológicamente obvio, y no hay que ser un Nietzsche para adivinarlo, que cuando los antiwokistas atribuyen a los presuntamente wokistas una solapada forma de «resentimiento» que estaría funcionando como envidia hacia los ricos y afortunados, en realidad lo que ocurre es que ellos sufren por saberse desalmados y sermoneados por personas o grupos que claramente son mejores moralmente que ellos porque se preocupan de lo que todos deberían preocuparse, y no tan sólo de sí mismos. De ahí que sepan tan bien de lo que hablan cuando apelan al citado «resentimiento»… Sin embargo, Ortega y Gasset, que probablemente estaría en las filas antiwokistas hoy, escribió que el hombre noble y superior es aquel que hace lo que hay que hacer, y no lo que le viene en gana. Al que hace lo que le viene en gana lo llamó Ortega «señorito satisfecho», y afirmó que es con esta clase de hombres con los que se fermentan las sociedades de masas (en La rebelión de las… ídem, publicada con Hitler en plena escalada al poder). 

5) Lo que ya es el colmo es que los antiwokistas nos acusen de adoctrinamiento, cuando ellos se amparan nada menos que bajo el manto oscuro de la religión cristiana (aquella, por cierto, que en el Concilio de Trento asentó que «quien no reparte es un ladrón»). Hoy mismo Trump ha salido en su defensa. No creo que esa barbaridad merezca mayor comentario, tan sólo que es obvio que el liberalismo ha luchado desde siempre, pero sobre todo en el siglo XIX, contra la institución eclesiástica. Es decir, que quieren el Estado mínimo pero la Iglesia máxima, que entienden que hay que cortar los lazos internacionales (con la OMS, con la ONU, con la ONRWA, con la ONHRC, con la UNESCO, desmembrar la UE…), pero al tiempo que debemos mantener fidelidad a la única corporación transnacional que está fuera de tiempo y que hace mucho más daño que bienes -hoy sabemos con seguridad que Pío XII sabía de la existencia de los campos de concentración nazis y aun así siguió apoyando a Hitler. Por no hablar de que la Iglesia rehabilitó a Galileo Galilei por decir que la tierra se movía… ¡en 1992! ¡Écrasez l’infâme!, pace Voltaire.

6) Creo que los antiwokistas son como niños de papá no en el sentido de su condición a menudo acaudalada, sino porque no sienten los peligros, no perciben los riesgos -salvo los del capital/riesgo…- y entienden el «sentido común» como una suerte de mano invisible smithtiana que se extiende también para eliminar todos los obstáculos de nuestro camino. Nunca ocurre nada grave, son los wokistas que son unos cenizos… Ya se resolverá, al final todo ser resuelve por sí mismo… Lassez faire, Lassez pase… Estoy seguro de que aunque Carlos Mazón hubiera estado donde debía, tampoco habría tenido prisa por nada, le habría restado importancia a la DANA, como en Don’t look up. Negacionistas notorios hay, no diré nombres, que incluso niegan la Segunda Guerra Mundial… (no sólo porque tanto horror no ha podido tener lugar, sino porque ya se sabe que Hitler era comunista…) ¿Pero no habíamos quedado en que el trasfondo salvaje del corazón del mundo es la lucha por la vida, esa selección natural que justifica las desigualdades del capitalismo? ¿Y esa mano invisible no sólo económica, sino paternalista, no es tan religión o más que la del positivismo de Comte (puesto que esta última digamos que tiene una mayor carga de empiricidad)? Sin embargo, nada le gusta más a «La naranja tiránica», como le llaman en Hora veintipico, que generar grandes titulares y clickbaits a todas horas, todos los santos días, como piedras lanzadas a un estanque, para tener al mundo permanentemente alerta de sus excentricidades de malcriado.

7) Para los antiwokistas, sus adversarios son los intolerantes, porque no consienten la intolerancia de ellos mismos. Les tachan, además, de multiculturalistas, que es rizar el rizo de la confusión, puesto que justamente los llamados «wokistas» suelen ser universalistas, mientras que son los antiwokistas los que practican la multiculturalidad, dado que la multiplicidad de civilizaciones de Samuel Huntington es manifiesto multiculturalismo y craso relativismo, excepto para EE.UU., que está en la cima de esa cadena trófica. Sin embargo, el liberalismo de su tan querido Karl Popper decía lo contrario, decía, en la formulación de su famosa «paradoja de la tolerancia», que a los intolerantes hay que echarlos de la sociedad abierta o la arruinarán desde sus cimientos. Los antiwokistas, por consiguiente, no pertenecen a ninguna tradición, ni siquiera a la suya propia, únicamente es pensamiento hooligan, por llamarlo «pensamiento».

8) Escuché una charla de telepredicador de César Vidal en Youtube en la que sostenía que el feminismo era un torpedo tramado por los antisistema para hacer que las mujeres se pelearan con los hombres, y los hombres con las mujeres, de modo que se echaran los trapos sucios y se distrajeran de problemas más importantes, como que «Perro» Sánchez nos arrebata la españolidad, o que Miguel Bosé nos llama la atención sobre los chips que nos inoculan con las vacunas. ¿En qué quedamos, pues? ¿El feminismo es una estrategia de los wokistas o de los antiwokistas? ¿Si uno es, como está mandado, un hombre de bien, tiene que reforzar el feminismo para que caiga «Perro» Sánchez, o, al contrario, socavar el feminismo, para que, como toda la ultraderecha defiende, las mujeres no se lo crean tanto y vuelvan a su papel de leales servidoras de la familia tradicional?

9) En este texto, el tal Paul Graham nos obsequia con una reflexión en la que perora acerca de que la moral es una construcción social de los débiles, mientras que lo suyo no, lo suyo es la verdad tal y como se la encontró Adán al ver por vez primera desnuda a Eva, y viceversa. Pero Paul, si afirmas que algunas cosas, muy importantes son construcciones sociales, adventicias y contingentes… ¿Por qué no también todo lo demás….? A ver si vas tú también, Paul, a ser un dichoso posmoderno, pero en tímido, en apocado, posmodernismo cobarde.

10) Bien pudiera ser que la emancipación soñada por la modernidad no fuera más que un limbo del que es mejor despertar, pero eso no significa, en modo alguno, que no tengamos otra opción ya que aceptar la esclavitud que nos ofrecen estos posmodernos embozados, estos próceres sin seso, estos libertos encumbrados, estos capullos sin flor, estos erotizados por las máquinas consumidas por las multitudes, estos señores «sin alma, que pierden la calma con la cocaína».

En fin, pienso que toda la ideología de la ultraderecha internacional no es, pues, es su aspecto moral, más que una llamada a escala mundial a la irresponsabilidad absoluta, a la división entre las gentes, a la guerra civil planetaria (la colisión de civilizaciones no es más que el «la guerra es la paz» de Orwell), y a mantener al ser humano, 300 años después del nacimiento de Kant, en una eterna minoría de edad de la razón.

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