En los últimos días, una nueva tanda de documentos y correos electrónicos vinculados al caso Jeffrey Epstein ha reactivado el escrutinio público sobre la red de relaciones que mantuvo con figuras influyentes de la academia, la política y el mundo empresarial. En ese contexto vuelve a aparecer el nombre de Noam Chomsky, no por una acusación de participación en los crímenes de Epstein, sino por el tipo de trato sostenido con él —reuniones, correspondencia, hospitalidad, y gestiones vinculadas a asuntos profesionales y financieros— y por lo que esa cercanía sugiere sobre los mecanismos sociales mediante los cuales Epstein buscó legitimidad y acceso.
Desde junio de 2023, tras sufrir un derrame cerebral severo, Chomsky no puede hablar ni participar en la discusión pública. Ante la reapertura del debate y la circulación de nuevos materiales, su esposa, Valéria Chomsky, difundió una declaración fechada el 7 de febrero de 2026 en la que intenta despejar puntos específicos: cómo y cuándo conocieron a Epstein, por qué aceptaron invitaciones y estancias en propiedades suyas, en qué contexto se produjo una carta de recomendación, y cómo entiende la pareja los episodios financieros que han sido reportados —incluyendo un cheque de 20.000 dólares por un trabajo lingüístico y una transferencia aproximada de 270.000 dólares que, según afirma, correspondía a fondos propios de Chomsky recuperados con «asistencia técnica» de Epstein.
Esta declaración no constituye una verificación independiente ni agota las preguntas relevantes —es, ante todo, una versión de los hechos ofrecida por una de las partes. Su valor periodístico reside en otra cosa: fija una narrativa pública con detalles concretos (fechas, lugares, montos, finalidad atribuida) que pueden ser contrastados con documentos previos y con la cronología ya disponible sobre el caso. A la vez, reconoce explícitamente la gravedad de los crímenes de Epstein y expresa solidaridad con las víctimas, admitiendo un error de juicio por no haber investigado con mayor rigor el historial del hombre al que trataron.
A continuación, publicamos la traducción íntegra al español del texto firmado por Valéria Chomsky, tal como fue difundido en inglés por el periodista Aaron Maté con correcciones tipográficas menores.
Declaración de Valéria Chomsky
Como muchos saben, mi esposo, Noam Chomsky, que ahora tiene 97 años, enfrenta serios problemas de salud después de sufrir un derrame cerebral devastador en junio de 2023. En la actualidad, Noam está bajo atención médica las 24 horas y es completamente incapaz de hablar o participar en el discurso público.
Desde esta crisis de salud, he estado enteramente absorbida por el tratamiento y la recuperación de Noam, siendo la única responsable de él y de su atención médica. Noam y yo no contamos con ningún tipo de asistencia de relaciones públicas. Por esta razón, solo ahora he podido abordar el asunto de nuestros contactos con Jeffrey Epstein.
Noam y yo hemos sentido un peso profundo por las preguntas no resueltas que rodean nuestras interacciones pasadas con Epstein. No deseamos dejar este capítulo envuelto en ambigüedad.
A lo largo de su vida, Noam ha insistido en que los intelectuales tienen la responsabilidad de decir la verdad y exponer las mentiras—en especial cuando esas verdades resultan incómodas para ellos mismos.
Como es ampliamente conocido, una de las características de Noam es creer en la buena fe de las personas. La naturaleza excesivamente confiada de Noam, en este caso específico, condujo a un juicio gravemente equivocado por parte de ambos.
Con razón se han planteado preguntas sobre las reuniones de Noam con Epstein y sobre la asistencia administrativa que su oficina brindó en relación con un asunto financiero privado—uno que no tenía absolutamente ninguna relación con la conducta criminal de Epstein.
Noam y yo fuimos presentados a Epstein al mismo tiempo, durante uno de los eventos profesionales de Noam en 2015, cuando la condena de Epstein en 2008 en el estado de Florida era conocida por muy pocas personas, mientras que la mayor parte del público—incluidos Noam y yo—no estaba al tanto. Eso solo cambió después del reportaje del Miami Herald de noviembre de 2018.
Cuando nos presentaron a Epstein, él se presentó como un filántropo de la ciencia y un experto financiero. Al presentarse de ese modo, Epstein captó la atención de Noam y comenzaron a cartearse. Sin saberlo, abrimos una puerta a un caballo de Troya.
Epstein empezó a rodear a Noam, enviándole regalos y creando oportunidades para discusiones interesantes en áreas en las que Noam ha trabajado extensamente. Lamentamos no haber percibido esto como una estrategia para atraparnos y tratar de socavar las causas que Noam defiende.
Almorzamos una vez, en el rancho de Epstein, en relación con un evento profesional; asistimos a cenas en su casa adosada en Manhattan y nos alojamos algunas veces en un apartamento que ofreció cuando visitamos la ciudad de Nueva York. También visitamos el apartamento de Epstein en París una tarde con motivo de un viaje de trabajo. En todos los casos, estas visitas estuvieron relacionadas con compromisos profesionales de Noam. Nunca fuimos a su isla ni supimos nada de lo que ocurría allí.
Asistimos a reuniones sociales, almuerzos y cenas donde Epstein estaba presente y se discutían asuntos académicos. Nunca presenciamos ningún comportamiento inapropiado, criminal o reprochable por parte de Epstein u otras personas. En ningún momento vimos niños o menores de edad presentes.
Epstein propuso reuniones entre Noam y figuras que interesaban a Noam, debido a sus distintas perspectivas sobre temas relacionados con el trabajo y el pensamiento de Noam. Fue en este contexto académico que Noam escribió una carta de recomendación.
El correo de Noam a Epstein, en el cual Epstein solicitaba consejo sobre la prensa, debe leerse en contexto. Epstein había afirmado a Noam que él—Epstein—estaba siendo perseguido injustamente, y Noam habló desde su propia experiencia en controversias políticas con los medios. Epstein construyó un relato manipulador sobre su caso, que Noam, de buena fe, creyó. Ahora está claro que todo fue orquestado, teniendo, al menos, como una de las intenciones de Epstein tratar de lograr que alguien como Noam reparara la reputación de Epstein por asociación.
La crítica de Noam nunca estuvo dirigida al movimiento de mujeres; por el contrario, siempre apoyó la equidad de género y los derechos de las mujeres. Lo que sucedió fue que Epstein se aprovechó de la crítica pública de Noam hacia lo que llegó a conocerse como «cultura de la cancelación» para presentarse como víctima de ella.
Solo después del segundo arresto de Epstein en julio de 2019 conocimos la plena magnitud y gravedad de lo que entonces eran acusaciones—y ahora son crímenes confirmados—atroces contra mujeres y niños. Fuimos descuidados al no investigar a fondo sus antecedentes. Fue un error grave y, por ese lapsus de juicio, pido disculpas en nombre de ambos. Noam me compartió, antes de su derrame, que se sentía de la misma manera.
En 2023, la respuesta pública inicial de Noam a las preguntas sobre Epstein no reconoció adecuadamente la gravedad de los crímenes de Epstein ni el dolor perdurable de sus víctimas, principalmente porque Noam daba por sentado que condenaba ese tipo de crímenes. Sin embargo, una postura firme y explícita en estos asuntos siempre es necesaria.
Fue profundamente perturbador para ambos darnos cuenta de que habíamos tratado con alguien que se presentaba como un amigo servicial pero que llevaba una vida oculta de actos criminales, inhumanos y perversos.
Desde que se reveló la magnitud de sus crímenes, hemos quedado conmocionados.
Para aclarar lo del cheque: Epstein le pidió a Noam que desarrollara un desafío lingüístico que Epstein deseaba establecer como un premio regular. Noam trabajó en ello y Epstein envió un cheque por 20.000 dólares estadounidenses como pago. La oficina de Epstein se comunicó conmigo para coordinar que el cheque se enviara a nuestra dirección.
En cuanto a la transferencia reportada de aproximadamente 270.000 dólares, debo aclarar que se trataba enteramente de fondos propios de Noam. En ese momento, Noam había identificado inconsistencias en sus recursos de jubilación que amenazaban su independencia económica y le causaban gran angustia. Epstein ofreció asistencia técnica para resolver esta situación específica.
En este asunto, Epstein actuó en consecuencia, recuperando los fondos para Noam, como una muestra de ayuda y muy probablemente como parte de una maquinación para obtener mayor acceso a Noam. Epstein actuó únicamente como asesor financiero para este asunto específico. Hasta donde sé, Epstein nunca tuvo acceso a nuestras cuentas bancarias o de inversión.
También es importante aclarar que Noam y yo nunca tuvimos inversiones con Epstein o su oficina—individualmente o como pareja.
Espero que esto aclare y explique retrospectivamente las interacciones de Noam Chomsky con Epstein. Noam y yo reconocemos la gravedad de los crímenes de Jeffrey Epstein y el sufrimiento profundo de sus víctimas. Nada en esta declaración pretende minimizar ese sufrimiento, y expresamos nuestra solidaridad irrestricta con las víctimas.
7 de febrero de 2026.
Valéria Chomsky

