En la magnífica saga -pocas cosas se han escrito tan amenas y cautivadoras- de la Fundación de Isaac Asimov, concretamente en la segunda entrega, todos los planes de la psicohistoria esgrimida por la sociedad secreta de científicos positivistas que es la Fundación se van al traste por la presencia inesperada de una sola persona, completamente singular, que pone a la galaxia patas arriba. Puesto que la psicohistoria de Hari Seldon tan sólo es capaz de realizar sus predicciones a largo plazo teniendo en cuenta estadísticas de billones de seres, un elemento excepcional que se salga de la regla podría destrozar las previsiones y dinamitar toda expectativa. En Fundación e Imperio, ese elemento se hace llamar el Mulo, y posee poderes psíquicos que la Fundación ni sabía que podían existir.
De un tiempo a esta parte, a nosotros nos ocurre igual. Donald Trump es nuestro Mulo, y parecía que él, como cabeza y símbolo del neorreaccionarismo y la «ilustración oscura» en efecto iba a desandar o revertir para siempre lo que nuestros ingenuos antepasados -incluido sin duda Asimov, aunque no fuera consciente- llamaban el «seguro camino del progreso de la humanidad». Pero la gran noticia de estos últimos días es que no, que Trump es como el agujero negro supermasivo en torno al cual todos giramos, qué le vamos a hacer, aunque con la ventaja de que ahora sabemos que no tiene nada dentro, que todo lo que supera su horizonte de sucesos queda pulverizado en un instante. Este Mulo también tiene poderes psíquicos de manipulación, sí, pero se reducen a una enorme vanidad que es como un enorme globo lleno del más vulgar de los gases irrespirables.
Así que creo que en verdad, como dicen los adolescentes, los famosos aranceles van a preocupar a cientos de millones de personas por todo el mundo que tal vez pierdan su dinero o su trabajo con esta guerra comercial (menos mal que Antonio Escohotado ya no vive para ver quiénes son ahora «los enemigos del comercio»…), pero va a durar poco y va a dar lugar a una cierta aurora de la razón que aleje las tinieblas de la «ilustración oscura» durante mucho tiempo.
Hace dos o tres semanas vi la entrevista que Jordi Évole hizo a Gabriel Rufián, en la que en cierto momento el periodista se mostró poco inquieto por las bravuconadas del Mulo ya que, según dijo -cito malamente de memoria-, «Trump la cagará enseguida, y el mundo entenderá qué había detrás de todo eso».
Pues bien, ya la ha cagado y ya lo estamos entendiendo: detrás había resentimiento, había supremacismo, había apetito de ogro pero sobre todo había una profunda, profunda ignorancia. Saldremos de esta mejores, pero no en el plano sentimental que se predicó durante la pandemia, sino en ese plano objetivo (objetividad social e institucional a la manera de Hegel), y por tanto de difícil demolición, en el que la ultraderecha va a perder toda la reputación que había ganado con malas artes estos años, la Unión Europea por fin va a ser más unión que europea, todos vamos a aprender mucho sobre economía real, la coalición en España va a salir reforzada, y en general el mundo va a aprender aquello de que no aprecias realmente lo que tienes hasta que lo pierdes.
De manera que la motosierra cambia de bando, y la liquidación que se pretendía hacer de la globalización en beneficio de unos pocos se va a tornar liquidación de la liquidación misma. No ha sido, en este caso, la Fundación, que siempre tenía un plan de contingencia, ha sido que el Mulo le ha tocado el bolsillo al mundo entero de un modo burdo, arrogante y rastrero, para colmo calculando las cifras como un escolar, copiando en el examen y poniendo faltas de ortografía. Me preguntaba yo aquí hace unos años si ese Mulo no habría de ser una List der Vernunft, y hasta puede que sí, nunca se sabe. Es cierto que todavía pueden ocurrir muchísimas cosas imprevistas, que el mundo es un polvorín y que el equilibrio posterior a la Segunda Guerra Mundial no volverá, pero por el momento ya tenemos algo, a mi juicio algo clave: el retorno gradual de la luz. Eso no garantiza nada, claro, pero sin ello nada habría que pelear. El Mulo ha cumplido a la perfección con su papel: tensionar tanto las cosas, extremar sin motivo alguno la situación, que ha reducido al absurdo su propia ideología y la de los suyos.
Gracias, Donald. Seguro que estarás preparando otro de tus sustos grandilocuentes para que hablemos de ti, pero ahora somos muchos más los que hablaremos mal. Caen las máscaras…




