Un joven Ortega y Gasset escribió un artículo en alabanza del primer Pablo Iglesias, mítico fundador del PSOE, en el que expresaba su admiración por el político calificándolo de «santo». Pese al pasado malevo y valiente de hombre de acción, ese mismo calificativo le queda como un guante al recién fallecido Pepe Mujica sin hipérbole alguna. Porque los santos del cristianismo no suelen meterse en política más que indirectamente (pongamos el obispo Agustín de Hipona, ahora de actualidad, escribiendo De civitas dei…), y los santones e iluminados de los cultos orientales mucho menos. De modo que Mujica es doblemente santo, tanto por su frugalidad como por la fortaleza realmente ejemplar con que ha resistido con pulso firme la casi (y ese «casi» se lo debemos los hispanohablantes a él, a Julio Anguita y por el momento a Gabriel Rufián) invencible corrupción del poder.
Mujica representaba todo lo que la derecha y ultraderecha odian más que nada en el mundo, porque les devuelve, como un retrato de Dorian Gray, la imagen de lo que realmente son, y para colmo les arruina el viejo mantra hobbesiano-terenciano de que «el hombre es un lobo para el hombre». Mencionas tan sólo el nombre de Pepe Mujica y todo el espantajo ideológico del trumpismo que tiene a Leo Strauss como máximo teórico huye corriendo como vampiro ante un crucifijo.
Sin embargo, temo que eso no beneficie tanto como parece a la izquierda internacional. Porque Pepe Mujica como símbolo, al igual que el Che Guevara, no atrae votos, sino que los repele, al menos en Europa y Estados Unidos. La gente que tiene un negocio, o que tiene ambiciones, no vota a excelsos principios éticos, sino a seguridades materiales. Un señor que vivía como un hobbit de la Comarca no inspira tranquilidad alguna precisamente a esa gente, y por eso creo que la izquierda necesita símbolos que se parezcan más, en términos de imagen, a Justin Trudeau, si es que alguna vez quieren llegar hasta donde llegó Mujica.
Pero bueno, eso no resta ni un ápice de nuestro agradecimiento a un hombre que demostró que despenalizas la maría, legalizas el aborto y legalizas el matrimonio homosexual y no se destruye el mundo. Si hay un cielo y alguna vez alguno de nosotros tiene acceso a él, nos va a costar distinguir entre el Señor y Don Pepe Mujica…
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