¿Paz en Sudán? 3 razones por las que la mediación no ha funcionado hasta ahora

noviembre 3, 2025
Soldados de Sudan
Fotografía de Steve Evans. Fuente: Wikimedia Commons .

Sudán está atrapado en una guerra civil entre el ejército y las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) desde abril de 2023, desatada por una lucha por el poder entre ambas partes. La guerra ha desplazado a más de 14 millones de personas. Más de la mitad de la población —unos 50 millones— enfrenta niveles agudos de hambre.

Se han lanzado varias iniciativas de mediación desde el comienzo del conflicto, con resultados muy limitados. La Unión Africana tampoco ha logrado que las partes beligerantes acuerden un alto el fuego permanente.

Los cuatro países que encabezan el principal esfuerzo de mediación —conocido como el «Quad»— son Estados Unidos, Egipto, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos. En septiembre de 2025 emitieron una declaración conjunta pidiendo un alto el fuego y ofreciendo una hoja de ruta para poner fin al conflicto interno.

He investigado Sudán durante más de una década y, en mi opinión, la capacidad de estos países para lograr un acuerdo político definitivo está seriamente limitada.

Las perspectivas de paz dependen de resolver tres factores:

• Las profundas diferencias entre el ejército sudanés y el Quad respecto a quién debe participar en la política posguerra.
• Una creciente brecha entre los principales protagonistas del conflicto sobre las condiciones para poner fin a la guerra.
• Las divisiones internas dentro del propio Quad —sobre todo entre Egipto, los EAU y Arabia Saudí— en torno al equilibrio entre apoyar al ejército, contener la influencia islamista y gestionar intereses regionales en competencia.

El plan del Quad exige un alto el fuego inmediato, una tregua humanitaria de tres meses y un proceso político inclusivo para resolver las disputas en un plazo de nueve meses. La declaración fue recibida inicialmente con beneplácito tanto por las FAR como por los líderes del ejército de Sudán. Sin embargo, las reuniones posteriores entre el Quad y representantes de las partes en conflicto no han logrado traducir estas propuestas en medidas concretas.

Mientras tanto, las tropas paramilitares y sus aliados capturaron la ciudad de El-Fasher, en Darfur del Norte, tras un asedio de 500 días. Era el último gran bastión del ejército en Darfur.

Darfur representa casi el 20% del territorio sudanés y limita con Libia, Chad y la República Centroafricana. La caída de la ciudad ha reavivado los temores de una partición de facto del país en su región occidental. En este contexto, parece improbable que la última iniciativa del Quad logre algo más que un alto el fuego frágil.

Los obstáculos

Tres grandes desafíos frenan los esfuerzos de paz:

1. Agendas divergentes entre el Quad y el ejército sudanés

Aunque la hoja de ruta del Quad se parece al plan que el ejército presentó ante la ONU en marzo de 2025, persisten diferencias clave. El principal desacuerdo es cómo diseñar el proceso político tras el alto el fuego.
El Quad exige excluir a las facciones islamistas debido a sus supuestos vínculos con grupos terroristas e Irán. El ejército rechaza cualquier exclusión y mantiene alianzas con sectores del antiguo Movimiento Islámico que aún contribuyen a sostener el frente militar.

2. Una brecha cada vez mayor entre el ejército y las FAR sobre cómo terminar la guerra

El plan militar permite a las FAR permanecer en zonas de Darfur hasta nueve meses con el consentimiento de las autoridades locales, pero exige su retirada de El-Fasher y de Kordofán del Norte. La realidad es otra: las FAR han ampliado su presencia militar en Kordofán del Norte y han intensificado los ataques con drones contra Jartum y otras regiones.

En el fondo, hay objetivos incompatibles. Por un lado, las FAR buscan sentarse a negociar como iguales y reestructurar por completo las fuerzas armadas. Por otro lado, el ejército insiste en mantener el monopolio sobre cualquier reforma —el mismo punto que detonó la guerra en 2023.

3. Divisiones internas dentro del Quad

La cohesión del propio Quad se ha debilitado por fracturas internas que han descarrilado varias reuniones. La división más evidente se da entre Egipto y los Emiratos Árabes Unidos.

El Cairo se inclina por el ejército, al que considera garante de que las instituciones estatales sudanesas no se derrumben. Abu Dabi, en cambio, establece como condición principal para la paz el desmantelamiento de la influencia de los dirigentes islamistas.

Arabia Saudí mira con recelo la implicación emiratí, sobre todo porque el ejército sudanés ha rechazado en repetidas ocasiones la mediación de los Emiratos, mientras que las Fuerzas de Apoyo Rápido han atacado la política de Egipto hacia Sudán.

Washington ha intentado contener estas tensiones limitando el papel de mediación directa de Egipto, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, aunque manteniéndolos dentro del marco general de negociación. Estos países conservan una influencia decisiva sobre las facciones enfrentadas.

Cómo llegó Sudán hasta aquí

La frágil transición de Sudán comenzó tras el derrocamiento del gobernante de larga data, Omar al-Bashir, en 2019.

El inestable acuerdo de reparto de poder entre el ejército y los líderes civiles se vino abajo en 2021, cuando el jefe militar Abdel Fattah al-Burhan y el líder de las Fuerzas de Apoyo Rápido, Mohamed Hamdan Dagalo —conocido como Hemedti— tomaron el control mediante un golpe de Estado. Su alianza se rompió dos años después y desencadenó la guerra civil de 2023.

A pesar de la presión internacional, ninguna de las partes ha cedido ni ha logrado una ventaja decisiva desde entonces.

El conflicto ha sido devastador para la población sudanesa, de 50 millones de personas. Las cifras de muertos desde el inicio de la guerra oscilan entre 20.000 y 150.000. El país enfrenta la peor crisis de desplazamiento del mundo, y los sistemas de salud y educación han colapsado. Además, más de 12 millones de mujeres y niñas —y un número creciente de hombres— están en riesgo de sufrir violencia sexual.

¿Aún hay posibilidad de un avance?

A pesar de las divisiones existentes, los cambios en el terreno aún podrían generar un avance limitado.

El peor escenario para el ejército sería un nuevo avance de las fuerzas paramilitares hacia territorios de los que habían sido expulsadas.

Esa posibilidad podría llevar a los líderes militares a aceptar un alto el fuego preliminar. Esto permitiría al ejército reagruparse y consolidar sus posiciones sin ceder terreno en el plano político.

Para las FAR, el cálculo es distinto. Tras más de 18 meses luchando para tomar El-Fasher, el grupo es consciente de que avanzar más hacia la capital conllevaría un coste humano y político muy alto. Una tregua temporal, por tanto, le permitiría afianzar sus estructuras de gobierno en Darfur y reforzar su presencia militar en la región.

En este sentido, un alto el fuego de corto plazo sigue siendo el desenlace más realista para ambas partes. El interés de Washington en asegurar acuerdos que apunten al fin del conflicto probablemente empujará al Quad hacia este escenario.

Pero un acuerdo político definitivo en Sudán aún está lejos.

Por ahora, lo máximo que cualquier iniciativa diplomática puede lograr es detener temporalmente los combates, no poner fin a la guerra, porque las brechas políticas entre las fuerzas sudanesas siguen siendo muy difíciles de cerrar.


Una versión de este artículo ha sido publicada en inglés por The Conversation.

Responder

Your email address will not be published.