Un artículo recientemente publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences anunció un descubrimiento significativo realizado por el rover Curiosity de la NASA en Marte: la detección de moléculas orgánicas de cadena larga en una muestra perforada en el cráter Gale. Aunque no se trata de una prueba concluyente de vida pasada, el hallazgo representa una de las evidencias más sólidas hasta ahora de procesos químicos que, en la Tierra, suelen asociarse a la biología.
El descubrimiento se basa en el análisis de una muestra de lutita arcillosa, denominada Cumberland, perforada en 2013 en lo que fue el lecho de un antiguo lago marciano. Esta muestra fue sometida a análisis en el laboratorio químico a bordo de Curiosity, el Sample Analysis at Mars (SAM), un instrumento diseñado para identificar compuestos orgánicos y otros elementos volátiles presentes en las rocas del planeta rojo.
Ya en 2015 se habían reportado indicios preliminares de compuestos orgánicos complejos en esta muestra, pero no fue posible en ese momento confirmar su origen ni descartar la posibilidad de contaminación terrestre. La novedad ahora radica en la relectura de esos datos, llevada a cabo por la investigadora Caroline Freissinet y su equipo, quienes detectaron tres señales previamente ignoradas. Con la ayuda de un instrumento gemelo de SAM, instalado en la Tierra bajo condiciones similares a las marcianas, se identificaron tres alcanos específicos: decano, undecano y dodecano, compuestos formados por cadenas de 10, 11 y 12 átomos de carbono, respectivamente.
Estos compuestos no estaban presentes en altas concentraciones —fueron detectados en el orden de partes por mil millones—, pero su patrón de aparición y el contexto geoquímico del entorno en que fueron hallados permiten interpretarlos como productos de degradación de ácidos carboxílicos de cadena larga, conocidos también como ácidos grasos. Estos ácidos, en la Tierra, son componentes esenciales de las membranas celulares.
Para comprobar esta hipótesis, los investigadores simularon la descomposición térmica de ácidos grasos introducidos en un suelo similar al de Cumberland. El experimento reprodujo la aparición de los mismos alcanos y una liberación simultánea de dióxido de carbono, lo que refuerza la validez del proceso de detección a bordo de Curiosity. Además, se realizaron pruebas para descartar otras fuentes potenciales de los compuestos: ni el solvente que se filtra ocasionalmente en el sistema, ni el lubricante del taladro, ni otras ubicaciones de perforación produjeron señales similares.
Daniel Glavin, astrobiólogo del NASA Goddard Space Flight Center y coautor del estudio, sintetizó el resultado en términos contundentes: «Hay tres agujas en el pajar, y las encontramos».
No obstante, la naturaleza de estas moléculas sigue siendo ambigua. Aunque una predominancia de moléculas con número par de átomos de carbono suele asociarse a procesos biológicos en la Tierra —ya que las enzimas las sintetizan añadiendo unidades de dos carbonos—, en este caso solo una de las tres moléculas detectadas (undecano) derivaría de un ácido graso de número par. Y aunque su abundancia fue ligeramente mayor, esta diferencia no es estadísticamente concluyente.
Existen también explicaciones no biológicas plausibles. Los meteoritos, por ejemplo, pueden aportar ácidos grasos sintetizados por procesos químicos inorgánicos en el espacio interestelar. Otra posibilidad es que los alcanos se hayan formado a partir de compuestos similares al querógeno, previamente detectados por Curiosity, cuyo origen también podría ser abiótico.
El valor del hallazgo no solo reside en la complejidad de las moléculas, sino en el contexto geológico del sitio. Cumberland es hasta ahora el lugar más prometedor perforado por Curiosity. Aunque se preservó una segunda muestra para futuros análisis, el envejecimiento del rover —que lleva más de 13 años activo en Marte— limita la posibilidad de repetir estudios en ese mismo punto. Según Freissinet, «esta última muestra tiene que ser perfecta».
Este hallazgo es especialmente relevante para futuras misiones. Jack Mustard, científico planetario de la Universidad Brown, señala que el rover Perseverance, actualmente recolectando muestras para su eventual retorno a la Tierra, podría encontrar compuestos similares. Allí, en laboratorios terrestres, se dispondrá de tecnología mucho más precisa para determinar su origen.
El descubrimiento aun cuando no confirma la existencia de vida en Marte, demuestra que el planeta albergó ambientes potencialmente habitables y procesos químicos compatibles con los fundamentos de la biología terrestre. En un contexto más amplio, este tipo de hallazgos contribuye a ampliar la discusión sobre la singularidad —o no— de la vida en el universo y sobre los límites actuales de nuestra capacidad para reconocerla.




