«No se nace mujer: se llega a serlo». Con esta provocadora sentencia, incomprendida por los hombres, comienza la segunda parte del libro El segundo sexo.
Sartre fue un filósofo peligroso porque trató no sólo de predicar sus principios, sino que además encarnarlos y vivirlos plenamente, fue capaz de desafiar las certezas y creencias más respetadas y tomadas como indiscutibles de su época...