Uno no se aburre ni de esto ni de aquello, ni siquiera de uno mismo, sino que el tedio sobreviene, se traga al yo. Uno se abandona a la existencia, al mundo que se ha vuelto indiferente
Siguiendo esta pauta fenomenológica, la experiencia se presenta como la fragua indispensable del ser/sujeto, como constatación/percepción en el horizonte de una existencia que es anulada por la muerte