
El Fayum
Trascurridos los diez minutos tácitamente instituidos como el umbral de espera por un profesor demorado, un chico se atrevió a infringir el silencio de la tranquilidad que habíamos conseguido simular: –¿Y si el profe está aquí pero no podemos verlo? Otro, que mantenía la cabeza sobre la mesa desde que