
El viejo y el mar de Ernest Hemingway
Cuentan los historiadores que cuando allá por los años cincuenta, Ernest Hemingway vivía en su finca La Vigía, en San Francisco de Paula, se levantaba cada mañana y escribía de pie, a máquina, unas cuatrocientas palabras. Luego revisaba el texto, lo corregía, y se iba a emborrachar hasta la