Los guantes para un boxeador son lápices con los cuales escribe sus sentimientos. Es un mundo de duros, en el cual tienes que alinear tu mente con tu cuerpo y hacerte uno con los puños; concentrar tu furia para liberarla contra tu oponente.
En este deporte todos somos amigos, pero, en cuanto subes al cuadrilátero, debes olvidar todo y centrarte en derribar al contrario. He conocido a muchos que juegan béisbol o fútbol, pero nadie juega al boxeo: este es un deporte de combate, donde debes calcular y medir al enemigo, donde se usan movimientos finos. Si logras entender esto, quizás puedas entrenarlo.
Una vez que entras al cuadrilátero, los guantes te sudan en su interior, el casco te incomoda y el protector te asfixia: todo me resulta incómodo. Mi pulso se acelera cada vez más; de pronto, coloco un golpe y logro colocar otro más. Entonces mi cuerpo encuentra la armonía. Ya nada de lo que llevo puesto me molesta. Mi pulso sigue acelerado, pero ahora es distinto. Se acelera por la adrenalina que corre por mis venas al lanzar un golpe; solo piensas en ganar y en derribar al oponente.
En el último round, aciertas más golpes que nunca, ganas el combate por agilidad y sientes una gran felicidad por haber salido vencedor. Se siente muy bien. Llevas a tu casa, colgando en tu cuello, la medalla de oro. Pero no siempre será así. Hay momentos en los que se presentan oponentes de igual o mayor nivel que tú. En el primer combate te fías de tus grandes habilidades y tu contrario te ataca sin cesar, directo al rostro; son golpes que aturden y aletargan tus movimientos. Tras cada segundo, tus golpes van fallando poco a poco; te desesperas por el fin de la batalla y por salir vencedor. Ya te duele todo el cuerpo y, en el momento menos esperado:
¡KO!
Tus piernas fallan; caes al suelo; tus aspiraciones, tus sueños de gloria, se desvanecen en un instante. Tu mente pide más, pero es imposible: tu cuerpo no responde. Pelea perdida. Quedas decepcionado.
Pero no te perturbes. Un verdadero boxeador no se mide por las veces que cae, sino por las que se levanta. Lo que nunca debes dejar caer son tus convicciones y tu valor: las cualidades verdaderamente más importantes de un vencedor del boxeo.
En realidad, en este deporte no importa ganar o perder. Lo realmente importante es que las personas te recuerden como el peleador que luchó con un gran desempeño. Todo va de prepararse y esforzarse más para la próxima batalla, y de entregarse por completo sobre el ring. Las peleas no se ganan solo con los guantes: también se lucha con corazón y fuerza de voluntad.
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