Kari Martinsen y la filosofía de la asistencia

marzo 7, 2025

Cuidar es un modo de ser y de comportarse con la persona. No consiste únicamente en una maraña de actuaciones técnicas, sino un compendio de experiencias y conocimientos que fluyen entre individuos, un acto que inspira a encontrar el equilibrio integral de cada ser humano, la identidad del yo personal. Etimológicamente hablando se puede afirmar que el latín cogitare, es decir, «pensar», es el antepasado del verbo cuidar. Y esto es lógico si tomamos en cuenta lo anterior: se requiere de un juicio cognitivo que permita comprender e interpretar la realidad. Esta concepción también se aplica al análisis de nuestro estado de salud, e incluso al de las personas cercanas a nosotros. Ver si tienen problemas matrimoniales, dificultad para dormir, malestares estomacales. Todo eso surge en las conversaciones rutinarias que tenemos las personas a la hora de juntarnos. Y tiene relevancia a la hora de cuidar y aportar ayuda, sea en forma de consejos, técnicas o recomendaciones. Ya lo decía Alexander Pope al reconocer que los debates más interesantes surgen de temas triviales.

Claro está que a la hora de cuidar la visión que se nos presenta es casi inabarcable. Pero, para seguir un curso más significativo y conciso, es preciso hablar de la historia del cuidado y su relación con la Enfermería, disciplina que no se centra en curar, sino en cuidar. Sus pilares van a ser la dignidad humana, la integridad, la autonomía, el altruismo y la justicia social. El cuidado del enfermo sigue al ser humano a lo largo de la historia, y es aquí donde se plasma ese concepto de ser enfermeros. Se debe tener una concepción profunda de la ética al pretender tratar las adversidades del otro. Por ello, me gusta referirme a la Enfermería con un término de Luria: ciencia romántica, un paralelismo entre lo literario y lo clínico, entre lo filosófico y lo técnico. En este contexto, destaca el nombre de la enfermera noruega Kari Martinsen.

Después de graduarse en 1964 y especializarse en salud mental, Martinsen se focalizó en el estudio de la filosofía y la fenomenología, y en cómo estas disciplinas garantizaban un entendimiento mayor del arte de cuidar, hecho que ha demostrado en obras como Care and Vulnerability. Para ella la Enfermería debía apreciarse como un elemento interrelacionado con el campo filosófico, lo que permitía concebir el cuidado como un acto moral dirigido al ser humano, ser social que requiere de otros individuos para su supervivencia y bienestar. En palabras suyas: «La filosofía puede ser informada por las prácticas de enfermería y la enfermería puede ser informada por la filosofía. La filosofía puede informar a la ciencia y la ciencia puede informar a la filosofía. En otras palabras, hay una interacción» (2016, p.2).

Para lograr obtener ese cuidado enfermero se debe desarrollar un recorrido ético basado en la confianza, la empatía y el amor. Con ello se podrá establecer un eficaz vínculo terapéutico con el paciente. Ergo, para el análisis de la Enfermería desde una perspectiva filosófica, Kari Martinsen tuvo presente las bases de tres pensadores.

En primer lugar, tuvo presente a Karl Marx, cuyos argumentos le proporcionan la base para plantear la realidad de la profesión enfermera y la crisis interna que padece. Para entender este detalle se debe profundizar en la Teoría Crítica, doctrina elaborada por la Escuela de Frankfurt a principios del siglo XX. Dicho concepto se centra en plantear una crítica contra la teoría tradicional occidental, mostrando aspectos como la neutralidad y la falta de fiabilidad de las ciencias, hecho que deriva en la ausencia de objetividad. La instauración, en el ámbito sanitario, de la Teoría Crítica produce una visión dialéctica, algo clave en materia enfermera, debido a que se pretende la aplicación de una teoría para fomentar un óptimo aprendizaje gracias a la retroalimentación, alejándose de la actuación invisible, sumisa y exclusivamente técnica.

Esta perspectiva de realizar multitud de tareas, muchas de ellas asignadas por otros profesionales sanitarios, genera una carencia de tiempo dedicado en verdad al cuidado, impidiendo así una atención integral sobre los pacientes, deshumanizando la disciplina. Por ende, la Teoría Crítica garantiza al personal enfermero un tipo de pensamiento crítico capaz de reflexionar sobre su labor, permitiendo desarrollar una autorreflexión que fomente la capacidad de cambio y transformación, mediante la responsabilidad y autonomía.

A su vez, Kari Martinsen abraza los postulados de Edmund Husserl mediante el rechazo del positivismo, adoptando una perspectiva que abarca la totalidad del sujeto y su relación con el mundo social. En este caso se sustenta en la fenomenología transcendental como forma de conocer la realidad. Parte de la necesidad de que el profesional enfermero debe suspender sus juicios para poder así llegar a una reducción, esto es, alcanzar la esencia invariable de los fenómenos. Todo lo anterior se demuestra mediante el contacto entre la enfermera y el paciente. Así, las interacciones que se generan entre ambos van descifrando y captando aquello invariable en el sujeto, la esencia del fenómeno que presenta, aquella vulnerabilidad que debe ser resuelta por el cuidador.

Por último, la teoría de Martinsen tiene presente a Maurice Merleau-Ponty, quien rechaza el pensamiento de Descartes y defiende la relevancia del cuerpo, orientándose hacia una filosofía fenomenológica de percepción y corporeidad, ya que «la percepción exterior y la percepción del propio cuerpo varían conjuntamente porque son las dos caras de un mismo acto» (1975, p. 247).

Para Merleau-Ponty la percepción del cuerpo engloba la intencionalidad del mismo, puesto que éste se vive y su base es el poder ser y actuar como posibilidad. Esto gana valor cuando se presenta una afección, lesión o enfermedad en el individuo. Su percepción de sí se aleja de su corporalidad, hay dos procesos alternantes: el del problema físico y el de perspectiva psíquica, los cuales se vinculan entre sí. Por ello no se concibe un cuerpo como una cápsula orgánica, sino como un Leib, es decir, un cuerpo unido a su momento vital. Martinsen continúa la corriente de Merleau-Ponty al considerar que la Enfermería se relaciona con el cuerpo en todas sus vertientes, tanto por el hecho de que la enfermera emplea su cuerpo para practicar el cuidado, como por el hecho de que estas acciones se van a aplicar en el cuerpo del paciente.

Otro elemento clave de la teoría martinseniana es la relevancia de la percepción en cuanto a la interacción y el juicio clínico. Distingue entre «percibir» y «registrar»: la mirada perceptiva es una apertura emocional a la realidad, a través de la cual el personal enfermero se puede implicar con el paciente, dejando al lado la parte objetiva del caso. Aquí se alude a la parábola del buen samaritano, dictaminando que la forma de obrar del samaritano se guiaba por una visión perceptiva pues «no grabó primero, sino que se sintió golpeado, dolorido por el forastero herido» (2011, p.18). Mientras que registrar alude a objetivar, a mantener una visión cartesiana a la hora de recopilar datos, con el propósito último de lograr identificar el fenómeno que experimenta el paciente y actuar siguiendo el método científico.

Martinsen emplea términos como «ojo del corazón» y «ojo registrador» para aludir a lo anterior en su doctrina, la cual también tiene en cuenta la profesionalización enfermera. Según Mohammadipour et al., los enfermos perciben la presencia de la enfermera como algo relevante en cuanto a la calidad de los cuidados. Martinsen tiene claro que el paciente es un compendio de detalles culturales, morales y socioeconómicos concretos. El personal enfermero busca entrar en ese espacio buscando una relación con el paciente, necesaria para satisfacer una vulnerabilidad a través de un producto sanitario.

Tras los recientes acontecimientos de la pandemia causada por el coronavirus SARS-CoV-2, el auge de la soledad, la proliferación del síndrome de burnout y la creciente deshumanización en determinados sectores, es preciso recordar la filosofía de la asistencia que plasmó Martinsen como vía de entendimiento sobre el acto de cuidar y qué es ser, en verdad, enfermero.

Referencias

Martinsen, E. H. (2011). Care for Nurses Only? Medicine and the Perceiving Eye. Health Care Anal, 19, 15–27.

Martinsen, K. (2006). Care and vulnerability. Akribe As.                       

Merleau-Ponty, M. (1975). Fenomenología de la percepción. Península.

Mohammadipour, F., AtashzadehShoorideh, F., Parvizy, S., y Hosseini, M. (2017). An explanatory study on the concept of nursing presence from the perspective of patients admitted to hospitals. J Clin Nurs., 26, 4313–4324.

Øye, C., y Mekki, TE. (2016). The articulation of impressions. An interview with Kari Martinsen. International Practice Development Journal, 6(1), 1-8.

Boletín DK