Sobre escritores abandonados en tiendas de segunda mano

julio 29, 2025
Vista superior disposición de los libros
Foto de Freepik

Cuando vivía en Barcelona acostumbraba a visitar diferentes tiendas que vendían artículos de segunda mano. El motivo de mis visitas era porque en estos establecimientos suelen haber cajas y estanterías de libros usados, donde no solo se puede encontrar algún autor inencontrable, sino que los precios son, por lo general, bastante generosos. Este tipo de tiendas se sostienen por las donaciones voluntarias y el dinero recolectado va hacia instituciones benéficas y de salud mental. Al cabo de un tiempo me mudé a Blanes, un pueblo de la Costa Brava y encontré otros lugares por el estilo, que estuve visitando durante casi tres años. Como es lógico, después de tanto tiempo yendo a los mismos sitios, uno comienza a percibir patrones y denominadores comunes. Lo que pude notar principalmente fue una repetición de los mismos autores. Al conversar con los encargados, me dijeron que todo el tiempo se llevan libros y se donan libros, por lo que el flujo es constante. A pesar de ello, cada vez que visitaba la sección de libros de las tiendas de donaciones, tanto de Barcelona como de la Costa Brava, siempre encontraba los mismos libros de los mismos autores. Era como si los dueños de esos libros quisieran deshacerse por todos los medios de ellos. O como si estos pobres autores, al igual que el rey de Tebas, Edipo, tuvieran su destino ya escrito de antemano. Entre los que siempre se repetían y siempre estaban disponibles en masa para los clientes, se hallaban escritores tanto españoles como latinoamericanos. En resumen, iberoamericanos. (Por supuesto que no hago mención aquí de los bestsellers y los superventas permanentes que no aportan mucho a la calidad literaria y que van desde el equipo de Carmen Mola, Isabel Allende, hasta Antonio Gala, Pérez-Reverte o algo estilo Robin Cook). Así pues, pasaré a nombrar a algunos de estos escritores abandonados.

Respecto a los españoles, me encontraba muchísimo a Terenci Moix, de quien se puede tener por montones No digas que fue un sueño y sus famosas memorias El peso de la paja. Le sigue en abundancia Miguel Delibes, con su obra Cinco horas con Mario y El camino. Aunque curiosamente, nunca he visto algún ejemplar de Las ratas, una obra que he querido tener hace tiempo en mi biblioteca. También harto en abundancia se halla Eduardo Mendoza, del cual se puede encontrar casi la obra completa. En menor medida, pero también muy a la mano, se pueden hallar libros de Juan Marsé. En cuanto a los latinoamericanos, una constante son los libros de Juan Carlos Onetti, especialmente El astillero, la cubana Zoe Valdés, el argentino Manuel Puig y en menor medida El obsceno pájaro de la noche, de Donoso.

La pregunta se impone por sí sola: ¿por qué estos nombres se repiten en estas tiendas, por qué son abandonados/donados voluntariamente estos autores y no otros? He intentado muchas veces responderme esta pregunta, mientras intento sin éxito no reírme cuando vuelvo a encontrar los mismos nombres año tras año. Nombres y libros que ya son como familiares, como viejos amigos que me esperan aburridos en cada visita que hago.

La primera razón que viene a mi mente es política. Una explicación hipotética y aventurada para Zoe Valdés, una escritora por demás de gran calidad literaria, pudiera ser, sus inclinaciones hacia la extrema derecha, en concreto a Vox en España, lo que la ha llevado a comparecer en debates encarnizados con otros autores y a recibir el rechazo de un sector de la sociedad de las letras. Pero esta respuesta sigue siendo, a fin de cuentas, superficial.

Por contraste, en el caso de Terenci Moix, aunque siempre envuelto también en polémica y volcado cada vez más a los medios televisivos, su obra nunca se llegó a adscribir a ninguna ideología imperante (escribía tanto en catalán como en español), lo cual trajo y trae consigo un inevitable malestar, que se traducía en que los sectores catalanistas argumentaban que el catalán de sus libros no respetaba la cultura autóctona de la comunidad, y a los defensores de la hispanidad les parecía que el castellano de sus libros era corrupto y demasiado catalanizado. En cualquier caso, es cierto que la novela que siempre veo en las tiendas de segunda mano es su bestseller No digas que fue un sueño, la fábula egipcia basada en Marco Antonio y Cleopatra, que, aunque llevó el nombre de Terenci al palco de los más leídos, no es ni de lejos su mejor libro: hubiera preferido encontrarme por ejemplo, El día que murió Marilyn.

En el caso de Miguel Delibes, una razón para el abandono de tantos ejemplares quizá sea que este autor forma parte de los planes de estudios de secundaria de muchas escuelas, concretamente su obra Cinco horas con Mario. Es decir, estaríamos hablando de un abandono por cansancio. Lo mismo pudiera pasar quizá con Eduardo Mendoza. Siendo un autor catalán tan galardonado, resulta normal que en Barcelona o alrededores aparezcan sus libros por doquier. Lo mismo se aplicaría para otros autores mencionados aquí. Aunque desde mi experiencia, Mendoza es el peor de todos. A Mendoza lo he encontrado no solo en las tiendas de segunda mano sino en cafés (no literarios) perdidos de la Costa Brava, en los parques y hasta en los basureros. Pero Javier Marías es un autor también muy galardonado y de él apenas he encontrado unos pocos ejemplares en las tiendas. Alguien me diría que es un tema de nacionalidad, porque Marías es de Madrid, pero es que también he visitado tiendas madrileñas de segunda mano y tampoco he visto a Marías y sí a Mendoza. Por más que lo pienso, no logro hallar una respuesta lo suficientemente plausible.

En vano he buscado, (por citar algunos) a César Aira, Jorge Teillier, Juan Villoro, Vila-Matas, Cernuda o Juan Goytisolo. Aunque, a propósito de este último, he de decir que el único libro que he visto en todas y cada una de las viejas estanterías es: Señas de identidad. Una obra valiosa y grande tanto en el contenido como en la forma. ¿Qué ha motivado para que, entre los muchos libros de Goytisolo, la gente haya querido donar/deshacerse nada más de esta novela? Es, posiblemente, de las más experimentales de Goytisolo, donde hay permutaciones de la voz narrativa, escritura fragmentaria y hasta carteles o recortes de periódicos que forman parte de la propia narración. Una respuesta comprensible pudiera ser la mencionada forma experimental usada, y que no todos los lectores aceptan a la hora de abrir un libro, porque como ya se sabe, hay disímiles lectores: los que prefieren la trama por encima de la estructura y viceversa, los que prefieren ambas, los que solo compran el modelo novelístico del siglo XIX, los que solo quieren una historia que los sustraiga de su mediocridad existencial o los que solo digieren escrituras fragmentarias o aforismos.

En fin. Que no es necesario devanarse la cabeza pensando demasiado en las causas de tales repeticiones de las mismas obras y los mismos nombres. Al fin y al cabo, no todos somos sociólogos. Lo importante es aprovechar las redundancias, porque nunca se sabe qué pepitas de oro puedes hallar entre la hojarasca, como decía el personaje de Diego en Fresa y Chocolate.

Por ejemplo, recientemente entré en una tienda de segunda mano y entre ropas de colores gastados, vajillas antiguas y zapatos de tacón de la era del jazz, divisé una vez más en un rincón Señas de identidad y me di cuenta, con grata sorpresa, que me faltaba ese título en mi biblioteca, por lo que compré muy feliz mi ejemplar.

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