¿El perreo neofeminista es una moda pasajera o llegó para quedarse?

enero 6, 2023
Fotograma de Ella perrea sola, de Bad Bunny
Fotograma de Ella perrea sola, de Bad Bunny

En el perreo no se quita (¡no!)
Fuma y se pone bellaquita
Te llama si te necesita
Pero por ahora está solita
Ella perrea sola (ey, ey, ey, ey, ey), ey
Fragmento del tema Ella perrea sola, Bad Bunny, 2020

Difícil saber cuándo, pero, es muy probable que Ella perrea sola, de Bad Bunny, haya marcado un punto de inflexión en la visión que las feministas tienen del twerking, o perreo, un baile que consiste, en su punto más caliente, en mover el trasero de manera sensual. Incluso, en refregarlo en la parte delantera de un caballero o una dama.

Bad Bunny se disfraza de drag queen para convencernos de que el perreo individual carece de cualquier significado machista y, en cambio, es un símbolo neofeminista. ¿Es una moda pasajera? ¿Cómo ocurrió esta transformación?

La explicación está en un libro publicado hace poco más de un siglo, Public Opinion, del periodista Walter Lippmann (1889-1974). En este primer tratado de opinión pública, Lippmann considera a los estereotipos como mecanismos mediante los cuales la opinión pública adquiere su forma.

Asegura que, gracias a los estereotipos, “la opinión pública penetra en todo como el aire que nos rodea”. Estas ideas simples, la mayoría de las veces negativas, se expanden con rapidez, como “nubes de tormenta que se ciernen sobre el paisaje de la opinión pública durante un tiempo y después pueden desaparecer para siempre”.

En tiempos de redes sociales, la teoría de Lippmann está más vigente que nunca, porque es a través de ellas por donde los estereotipos adquieren o pierden fuerza a la velocidad de la luz.

Entonces, el estereotipo, negativo, de una mujer que mueve su trasero al ritmo de letras machistas y que hasta lo ofrece de manera simbólica quedó atrás.

En su lugar, un estereotipo, positivo, muestra a una mujer que baila de la misma forma, pero que ya no busca despertar bajos instintos, sino demostrar que hace con su cuerpo lo que quiere.

El reguetón es, quizá, el mayor negocio musical del momento, porque mueve unos US$ 3.000 millones al año. El neofeminismo, por su parte, es la ideología de moda entre muchas mujeres. La combinación, obvio, resulta muy atractiva.

Por eso muchas cantantes “perrean” en los escenarios, sin sentir mayor culpa. En todos los casos, tratan de convertir al twerking en un símbolo de empoderamiento y, de paso, aprovechar sus enormes efectos de “viralización”, en un tono totalmente comercial.

Por otra parte, está claro que “ellas no bailan solas”, o sí, pero lo hacen para compartir en TikTok, donde la cuenta @losmejoresperreo tiene 92.000 seguidores (y no es la única). Lo siento, Bad Bunny.

Lippmann diría que el estereotipo negativo pasó, como una nube de tormenta. Y que la opinión pública ya tiene encima otra nube, hasta ahora construida sobre argumentos bastante complejos.

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